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El peor disco de la historia del jazz

Corría el año 1969. Chet Baker, el trompetista y vocalista blanco que cautivó al público con su atractivo físico y su particular forma de cantar y tocar, ingresó en el hospital. Sus camellos le habían partido la mandíbula por no pagar la deuda que había contraído con ellos.

Cuando el tiempo curó la herida, Chet decidió entrar en estudio para grabar un álbum que le sacara del agujero económico en el que se había metido por culpa de la heroína.

Bien es sabido que lo que sea hace sin gusto, tiempo y mimo no puede llegar muy lejos. Si se actúa pensando en la recompensa económica, aparte de traicionar a tus oyentes, lo que se crea no podrá llevar el sello imprescindible (y abstracto) del jazz: el sentimiento.  Aquella grabación no fue la excepción que rompió la regla, es más, el álbum que salió del estudio, Albert’s House, está catalogado como el peor disco de la historia del jazz.

Chet Baker (1929 - 1988)

Chet Baker (1929 – 1988)

Si hay algo pésimo en un disco de jazz es que no transmita. Es un estilo (sin tener en cuenta el free-jazz) que agrada al oído. Sin embargo, la escucha de Albert’s House resulta incómoda. El disco está compuesto por temas vacíos, lineales y con poca sonoridad. La trompeta de Chet apenas se escucha y no parece estar empuñada por el que fue seleccionado por Charlie Parker para tocar con él.

Albert’s House no hundió la carrera musical de Chet Baker, que estuvo en activo hasta finales de los ochenta. Por eso, dentro de  un tiempo, cuando se acerque el invierno, dedicaremos unas líneas a la vida de Chet Baker y, por supuesto, hablaremos de su contribución al jazz. De momento nos quedamos con una escucha (sólo una) de Albert’s House.

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Lugares que nunca visitaré: Isla Wrangel

Localización de la Isla Wrangel.

Localización de la Isla Wrangel.

En 1881, el joven John Muir se convirtió en el primer visitante de la Isla Wrangel. Es un grandioso espacio natural de frescor virgen, profundamente solitario, dijo refiriéndose a ella. Se encuentra situada sobre el meridiano 180, al noreste de Rusia (entre el mar de Chukchi y el mar de Siberia Oriental), y pocos son los que se han acercado a sus tierras. Anatoli Rodiónov, el guarda forestal de los 7510 kilómetros cuadrados que abarca la isla, vive prácticamente aislado todo el año, rodeado de osos polares, zorros árticos, bueyes almizcleros, morsas, renos, búhos…

Dos bueyes almizcleros durante un combate en la época de apareamiento (septiembre). National Geographic.

Dos bueyes almizcleros durante un combate en la época de apareamiento (septiembre). National Geographic.

La suerte que ha tenido la Isla Wrangel (declarada zapovednik en 1976 ) es que no posee más que una increíble fauna y flora. No esconde petróleo ni gas natural, por lo que seguirá manteniendo ese aspecto invariable en el tiempo durante tantos años como los humanos se lo permitamos.

Natural System of Wrangel Island Reserve/  © Nomination File. Nikita Ovsyankiov

Natural System of Wrangel Island Reserve/ © Nomination File. Nikita Ovsyankiov

Liebster Award para Ruta 142

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Los premios Liebster Award  son dados por otros blogueros a blogs que acaban de empezar o tienen pocos seguidores. Por ello, quiero agradecer a Palabra de Lost por haberme nominado a dichos premios.

Las reglas son sencillas (se pueden consultar al final de la entrada). Se trata de responder a las preguntas que lanza el bloguero que te ha nominado para después nominar a otros blogs y hacerles nuevas preguntas.

Las preguntas que se me han hecho son las siguientes:

Si volvieras a nacer, ¿qué te gustaría ser?

Me gustaría ser lo mismo que soy. No cambiaría nada de mi pasado.

¿Qué te motivó a iniciar un blog?

El aburrimiento que me producía continuar con mi antiguo blog (A golpe de pluma). Tenía nuevas inquietudes que no tenían cabida en él. Había que renovarse.

¿Barajaste otros nombres para el blog antes de decidir el que tiene? 

Un par que ya no recuerdo. Ruta 142 llegó tras leer y ver una película (Into the Wild).

¿Qué aficiones tienes en tu vida offline?

Creo que se pueden averiguar leyendo las entradas del blog (leer, viajar, escuchar música, correr, la montaña…)

Si le pregunto a la gente que te conoce bien, ¿qué me dirían de ti?

No lo sé. Nunca les he preguntado qué piensan de mí 🙂

¿Cuáles son tus redes sociales favoritas?

No uso redes sociales. (Twitter no es una red social).

¿Una frase o mantra que te ayude o inspire mucho?

No tengo frases o mantras inspiradoras. Recurro a imágenes o momentos imaginarios o vividos. También a canciones.

¿Cómo ves tú blog dentro de dos años?

Cerrado. Me habré cansado de él. Tendré uno nuevo o no tendré …dependerá del tiempo libre. Uno de mis defectos es que me canso de las cosas a la misma velocidad con la que me apasionan.

¿Crees en la vida después de la muerte? ¿Qué piensas de eso?  

Creo en la vida antes de la muerte.

¿Qué comerías en tu cena ideal?

Pizza de cebolla, queso y plátano.

¿Cuales son tus autores favoritos? (He modificado un poco la pregunta porque no podía contestar un sólo nombre)

Orhan Pamuk, Philip Roth, José Saramago, Charles Bukowski, Frank Kafka y Lev Tolstoi.

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Me voy a saltar un poco las reglas y en vez de lanzar once preguntas a once blogs nominados, sólo preguntaré tres a tres blogs (no sigo blogs que cumplan las condiciones de los premios. La mayoría tienen muchos seguidores o llevan un tiempo escribiendo).

¿Qué te motivó a iniciar el blog?

¿Cuáles son tus escritores de referencia?

Si tuvieses que elegir otra época para vivir, cuál sería. 

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Blogs nominados:

El blog de Chema: Pequeñas crónicas del día a día. Antes desde España, ahora desde Brasil.

El café de Nicanor: Historias del día a día desde Cuba.

Mi reloj de arena: Es el blog de mi hermana, donde podrás encontrar de todo, desde películas a manualidades, pasando por tiendas de moda o canciones.

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Sobre la inspiración

Cuentan algunas lenguas que, mientras cruzaba un rincón de la Catedral de Notre Dame, Victor Hugo se inspiró en la palabra destino esculpida en la piedra para escribir Nuestra Señora de París. Una simple palabra, que para unos no había significado nada, lo fue todo para él, la semilla que floreció para convertirse en obra maestra.

Muchos nos preguntamos dónde residen las ideas que hay que rescatar para crear algo a partir de ellas. A diferencia de la Ciencia, en donde la inspiración es la herramienta que nos permite descubrir lo que ya existe (pero no veíamos), en las disciplinas artísticas se trata de inspirarse para cazar una idea que nos ayude a desarrollar lo que todavía no existe. Son caminos similares pero con objetivos diferentes: uno crea para descubrir, mientras que el otro sencillamente crea.

Decía Pablo Picasso que la inspiración existe pero tiene que encontrar al que la necesita trabajando. En el caso de Victor Hugo no fue así, como tampoco trabajando encontró la inspiración a August Kekulé, quien vio en sueños unas serpientes mordiéndose la cola y, al despertar, dibujó la estructura del benceno (un hexágono).

Stamps of Germany,1979.

Stamps of Germany,1979.

En el aclamado ensayo de Thomas S. Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, podemos leer un fragmento basado en el estudio de Jacques Hadamard, The Psychology of Invention in the Mathematical Field:

Entonces los científicos tienden a hablar de que “las escamas caen de los ojos” o del “destello de luz” que “baña” un rompecabezas antes sumido en las tinieblas, lo que permite que sus componentes se vean de un modo nuevo que por vez primera hace posible su solución. En otras ocasiones, la iluminación pertinente llega durante el sueño. No hay ningún sentido ordinario del término “interpretación” que se avenga a estos destellos de intuición a través de los cuales nace un paradigma nuevo.

Sin duda, es el caso de August Kekulé. La mente trabaja aunque el resto de nuestro cuerpo esté dormido. ¿Quién no ha soñado la resolución de un problema tras pasar la tarde enfrascado en él? O, peor aún, ¿quién no salió de aquel examen sin hallar la solución del problema que horas después se desveló en su mente? Es tan inhóspito el camino que nos lleva a la idea, que la inspiración a veces no la encontramos hasta que hemos recorrido gran parte él. Por eso, aunque en un determinado momento parezca que nos ha venido la inspiración, ese destello de luz no es más que el resultado de un conjunto de pensamientos encadenados.

Algunos encontraron la inspiración en sus vidas. A Love Supreme, el álbum que colocó a John Coltrane en la cima de los imprescindibles del jazz, tuvo como fuente de inspiración los diferentes pasos que dio Trane para salir de las drogas y encontrarse con Dios. La Generación Beat, con Jack Kerouac a la cabeza, es el caso más claro de que la inspiración reside en uno mismo.

Jack Kerouac (1922 -1969)

Jack Kerouac (1922 -1969)

Los más desgraciados son los que no encuentran la inspiración ni caminando, ni trabajando, ni durmiendo. Esto nos lleva a poner como ejemplo La muerte en Venecia, de Thomas Mann. Ascherbach viaja a Venecia en busca de la inspiración perdida. Allí encuentra a Tadzio, la belleza personificada, la representación de las verdades platónicas.

La muerte en Venecia tiene una parte autobiográfica que puede consolar al que ha perdido la inspiración. Y es que los grandes también temen a la página en blanco:

¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme!

¡Oh memoria que apunta lo que vi,

Ahora se verá tu auténtica nobleza!

Dante Alighieri. La Divina Comedia, Infierno II

Hermann Hesse hablando de tamaños

Hermann Hesse (1877 - 1962)

Hermann Hesse (1877 – 1962)

Hace unas semanas comenté por aquí el extraño caso de un bloguero obsesionado con comprar libros (comprar, no leer). Le definí como un Jonah Falcon de la literatura, más interesado en el tamaño de su biblioteca que en la calidad (sus faltas de ortografía lo verificaban).

Hoy he dado con una cita de Hermann Hesse que resume mi posición acerca de la compra de libros:

No se puede crear una biblioteca por encargo, cada uno tiene que seguir sus necesidades y su amor y adquirir lentamente una colección de libros como adquiere a sus amigos.

Entonces una pequeña colección puede significar un mundo para él.

Hermann Hesse (1877 – 1962)

Un imprescindible: In the High Country

Hace dos semanas, desde el otro lado del Atlántico, se estrenó el reportaje dirigido por Joel Wolpert sobre Anton Krupicka,  In the High Country.

Krupicka es un tipo curioso: pelo largo y barba de meses; nómada solitario y ultrafondista; lector de Foster Wallace y Jon Krakauer; estudioso de la física y la filosofía; minimalista en el calzado y en la vida. La mitad del año la pasa entre montañas, viviendo como puede dentro de su furgoneta. Según dice, es la mejor forma de vida, la más cómoda para poder correr todos los días.

Si le ves algún día, le distinguirás por su torso desnudo, sus gafas de pasta blancas, el buff que lleva en la cabeza y su cadencia al correr. Lleva lo mínimo, a veces ni agua (5 horas dijo que estuvo una vez sin beber…corriendo, se entiende), y la camiseta le sobra salvo en invierno.

Anton Krupicka en Longs Peak. (runningtimes.com)

Anton Krupicka en Longs Peak. (runningtimes.com)

El año pasado estuvo grabando con Joel Wolpert fragmentos de su vida. El producto: In the High Country, uno de esos reportajes que no se olvidan, tanto por la música como por la imagen.

De momento no se puede adquirir físicamente, pero sí descargarlo a un precio algo elevado. La suerte es que alguien lo ha subido y, hasta que no se diga lo contrario, podemos disfrutar de él tantas veces como queramos. Sin más preámbulos:

El espacio-tiempo de la música

Hace unos años dieron una noticia en el telediario (nada raro de momento). Giraba en torno a un crítico musical que, sentado en su casa de espaldas a una colección inmensa de vinilos, hablaba de los nuevos hábitos a la hora de escuchar música. Según él, el paso del vinilo al cedé, y del cedé a la descarga de música, nos arrastraba a una situación terrible: la pérdida del espacio y el tiempo de la música.

El vinilo tiene una característica que le hace ser único para atrapar al oyente, obligarle a estar sentado y escuchar: hay que darle la vuelta. Ese detalle, según el crítico, convertía al vinilo en el responsable de que la escucha de música fuera un rito incompatible con la realización simultánea de otras actividades. Cualquiera que haya escuchado un vinilo se habrá dado cuenta de que es posible hacer cualquier cosa (leer, comer, dormir, hacer el pino…) a pesar de tener que darle la vuelta. El crítico patinó al afirmar semejante memez, por mucho que lo dijera respaldado por cientos de vinilos. La razón, creo yo, reside en cómo nos ha moldeado la sociedad de las prisas: nos impone hacer demasiadas cosas en poco tiempo, algo que me gusta resumir en la frase “me faltan horas para acabar los días”.

John Cusack en "Alta fidelidad" (2000)

John Cusack en “Alta fidelidad” (2000)

¿Por qué se inventó el walkman, el minidisc o el ipod? ¿Para qué pusiéramos banda sonora a nuestra rutina? No. Mi teoría es que los dispositivos móviles se inventaron porque las discográficas se iban a arruinar si la música no se podía transportar. La sociedad de las prisas se había impuesto de tal manera que ya nadie invertía su tiempo en sentarse a escuchar música. El imperio musical tenía que reinventarse o morir.

Así que llegaron los aparatos que nos hicieron disfrutar de la música a cualquier hora y en cualquier lugar. No hacía falta dedicar una hora de nuestras dieciséis horas prácticas a escuchar un disco puesto que podíamos hacer varias cosas mientras lo escuchábamos. Pero la pregunta que me hago constantemente es: ¿Por qué despreciamos nuestra capacidad auditiva? A nadie se le ocurre hacer bricolaje mientras ve una película. Queremos enterarnos de la película y para ello es necesario prestar atención. Nos interesan los personajes, la trama, los giros que da la historia, etc. Sin embargo, cuando escuchamos un disco sólo buscamos amenizar determinados momentos, los tiempos muertos de nuestra rutina. No nos interesa prestar atención para descubrir su trama, sus giros, a sus intérpretes…

Ethan Hawke y Julie Delpy en "Antes del amanecer" (1995)

Ethan Hawke y Julie Delpy en “Antes del amanecer” (1995)

Aunque soy un firme defensor del tiempo y el espacio de la música, no le dedico todo el que se merece. Es cierto que presto atención e intento enterarme de qué va el disco, pero son pocas las veces en las que me siento a escuchar, sólo a escuchar. La primera vez que lo hice estuvo relacionada con una entrada que escribí para mi antiguo blog, A golpe de pluma. Quería escribir sobre un álbum, The Köln Concert, así que no me quedó más remedio que tumbarme y poner el disco hasta que me lo supe de memoria. Descubrí tantas cosas que habían pasado desapercibidas hasta ese día que empecé a plantearme que todo lo que había escuchado a lo largo de mi vida me había entrado por un oído y salido por otro.

La música es tan compleja que hasta que no decides escucharla no te das cuenta de que sólo la habías oído

La enfermedad del escritor

Si hubiese sabido la cantidad de líos que implica escribir un libro, no lo habría empezado, ni lo volveré a hacer.

Mark TwainLas aventuras de Huckleberry Finn.

Kafka. Robert Crumb & David Zane Mairowitz (2010).

Kafka. Robert Crumb & David Zane Mairowitz (2010).

–      Harry, ¿cómo se puede confiar en tener siempre la fuerza para escribir libros?

–        Algunos la tienen, otros no. Usted la tendrá, Marcus. Estoy seguro de que la tendrá.

–        ¿Cómo puede tenerlo tan claro?

–        Porque está dentro de usted. Es una especia de enfermedad. La enfermedad del escritor, Marcus, no es la de no poder escribir más: es la de no querer escribir más y ser incapaz de dejarlo.

Joël Dicker. La verdad sobre el caso Harry Quebert.