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Fragmentos

¿Lectores de prólogos? Haberlos, haylos

Compartimento C, coche  193. Edward Hopper.

Compartimento C, coche 193. Edward Hopper.

Pocos lectores leen un prólogo que supere las diez páginas. Un grupo más escueto es el de los lectores de prólogos de sucesivas ediciones, en los que se dice lo mismo pero con otras palabras. Hay lectores que sólo leen prólogos si el que prologa no es el autor sino un “pseudoextraño” capaz de dar un enfoque diferente a la obra, por su posición de lector. Pero hay un grupo reducido de lectores que, poseído por una especie de síndrome Francisco Umbral, prefiere que sea el autor el que hable de su obra.

El prólogo es una manera de presentar la obra al público. Es una magnífica vía de comunicación entre autor y lectores; una brújula que, si se desea, puede ser utilizada para sacar más provecho de la obra. No obstante, hay prólogos que en vez de guías son destripadores de contenido, aburridas páginas en las que se habla del libro como si el que lee ya lo hubiese terminado.

A continuación, invito a leer un fragmento del prólogo de El héroe de nuestro tiempo, escrito por M.Y. Lérmontov en 1839. Es un prólogo acorde a una época en la que la censura hacía su trabajo demasiado bien, y los escritores tenían que dominar la técnica para colar entre las redes su mensaje.

En todo libro, el prólogo es lo primero y, a la vez, lo último; éste sirve, bien para explicar la finalidad de la obra, bien para justificarla y dar respuesta a las críticas. Pero, habitualmente, los lectores sienten indiferencia ante los objetivos morales y los ataques de las revistas, y por eso no leen los prólogos. Y es una pena que sea así, sobre todo en nuestro país. Nuestro público es aún tan joven y crédulo que no comprende una fábula si al final de ella no encuentra la moraleja. No entiende las bromas ni capta la ironía; simplemente está mal preparado. Todavía ignora que en una sociedad correcta y en un libro correcto no puede tener cabida un insulto manifiesto; que la cultura moderna ha creado un instrumento más agudo, casi imperceptible y, sin embargo, mortal, que revestido de halago, asesta un irrefutable y certero golpe. Nuestro público es parecido a un provinciano que, al escuchar la conversación de dos diplomáticos pertenecientes a cortes hostiles, se quedaría convencido de que cada uno de ellos traiciona a su gobierno en aras de la más tierna y mutua amistad.

M.Y. Lérmontov. El héroe de nuestro tiempo.

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Acerca de Diego DZ

Madrid, 1988. Físico. En mis ratos libres corro y leo, también escalo y escribo.

Comentarios

8 comentarios en “¿Lectores de prólogos? Haberlos, haylos

  1. Una profesora nos recomendó en el instituto leer los prólogos al terminar de leer el libro, y la sigo a pie juntillas, me parece un buen consejo.

    Publicado por Santiago Pérez | 2 septiembre, 2013, 7:07 PM
    • Un gran consejo, la verdad. Hay algunos prólogos que merecen ser colocados al final, esos que abarcan un tercio del grosor del libro y son más un comentario de texto que un prólogo.
      saludos

      Publicado por Diego | 2 septiembre, 2013, 7:27 PM
      • Antes no me dejaba comentar y ahora que puedo, veo que se me ha adelantado el ilustre Pérez Malvido, ¡no hay derecho! Ahora, hay prólogos y prólogos… este que propones, por ejemplo es imperdible y parte de un género “a se stante”.

        Publicado por Triste Sina | 3 septiembre, 2013, 1:16 PM
    • Me he acordado de tu consejo estos días en los que ando con un libro de Andrés Trapiello., El buque fantasma. El prólogo está colocado tras terminar la novela 😉

      Publicado por Diego | 25 noviembre, 2013, 9:01 PM
      • Hace unos días terminé “Banderas negras” de Strindberg y me ocurrió igual. El editor lo llamó “postfacio”, que suena bastante mal por cierto.

        Publicado por Santiago Pérez | 26 noviembre, 2013, 6:20 AM
  2. Muy interesante 🙂

    Publicado por Diegozpy | 2 septiembre, 2013, 8:52 PM
  3. Yo los leo siempre al final, más de una vez me han chafado la historia por hacerlo al principio 🙂

    Publicado por iride | 3 septiembre, 2013, 7:08 PM
  4. Siempre los prólogos los leí al principio, y por eso mismo he dejado muchas veces inconclusa la obra o simplemente no la he leído.
    En los liceos muchos adolescentes, leen y hacen un resúmen del prólogo y con esos conocimientos van a la clase, y en los exámentes hacen citas de los comentarios.
    Un tema para una larga conversación.
    Hasta pronto.

    Publicado por Stella | 7 septiembre, 2013, 1:20 PM

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