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Libros, Reflexiones

Ejercicio práctico para lectores nostálgicos

William Faulkner, 1943. Revista Life.

William Faulkner, 1943. Revista Life.

Con la llegada de los cielos grises de otoño, llega también el recuerdo de Orhan Pamuk. La asociación se hace inevitable por tiempo que pase, más cuando los vientos frescos me traen los momentos – tanto buenos como malos – que pasé leyendo (y releyendo) algunos de sus libros.

Al hilo de lo que comentábamos en entradas pasadas (¿El tamaño importa? De Jonah Falcon a Diógenes y Hermann Hesse hablando de tamaños), Orhan Pamuk reflexiona sobre las bibliotecas personales en su libro Otros colores:

Leer bien no consiste en pasar despacio y cuidadosamente la mirada y la lógica sobre un texto, sino en sumergir el alma en su interior. Es por eso por lo que nos enamoramos de un número tan reducido de libros a lo largo de nuestra vida. Y la mejor biblioteca personal debería ser la compuesta por ese número de libros reales que sienten celos unos de otros. Los celos entre esos libros alimentan al autor creativo con una especia de tensión. Muy razonablemente, Flaubert nos dice que si uno lee con atención diez libros será un gran sabio. Como por lo general la gente es incapaz de hacer ni siquiera eso, reúne libros y presume de su biblioteca.

Tras esta lectura, invito a apuntar en un papel los libros (no importa si es uno o son veinte) clave de tu vida. Evidentemente, no es lo mismo para una persona de veintitantos (como es mi caso) que para una de ochenta…pero el ejercicio imagino que resultará igual de gratificante para ambos.

Haciendo caso a Pamuk, mi biblioteca personal tendría que estar formada por los siguientes once libros:

  1. La historia interminable, Michael Ende
  2. Robinson Crusoe, Daniel Defoe
  3. Qué es la teoría de la relatividad, Lev Landau y Yuri Rumer
  4. Los miserables, Victor Hugo
  5. Diálogos sobre la religión natural, David Hume
  6. El capital,  Karl Marx
  7. El hombre duplicado, José Saramago
  8. Se busca una mujer, Charles Bukowski
  9. El museo de la inocencia, Orhan Pamuk
  10. El castillo, Frank Kafka
  11. El animal moribundo, Philip Roth

No me ha costado seleccionarlos. Hay algo que te hace escribir el título sin pensar en ningún otro, como si estuvieras repasando los momentos clave de tu vida encriptados en forma de título de libro. Lo curioso es que, por mucho que pase el tiempo, ninguno podrá desaparecer de la lista. Al igual que no es posible borrar de la memoria los buenos y malos recuerdos, tampoco se puede hacer desaparecer de ella la sensación que te transmitió un libro cuando lo leíste. Lo que te hace escribir el título en tu lista no es el libro en sí, sino el entorno que propició que ese libro sea recordado de una manera especial.

El hombre duplicado no es el mejor libro que he leído de Saramago, como tampoco lo es Se busca una mujer de Bukowski o El animal moribundo de Philip Roth, pero es la época y lo que me transmiten sus títulos lo que me obliga a considerarlos clave en mi vida como lector, como se puede apreciar en la lista siguiente, en donde relaciono el libro con una época y no con el contenido de éste.

  1. La historia interminable, Michael Ende -> 11 años. Empecé a leer por gusto y no por obligación.
  2. Robinson Crusoe, Daniel Defoe -> Largos veranos en la playa.
  3. Qué es la teoría de la relatividad, Lev Landau y Yuri Rumer -> Empieza la vocación.
  4. Los miserables, Victor Hugo -> La miseria ofrece, la sociedad acepta.
  5. Diálogos sobre la religión natural, David Hume -> Discusiones con un amigo católico. Los ateos caemos bien.
  6. El capital,  Karl Marx -> Pensar y actuar, todo es empezar.
  7. El hombre duplicado, José Saramago -> Leer no significa mirar lo que está escrito.
  8. Se busca una mujer, Charles Bukowski -> Revolución en mis lecturas.
  9. El museo de la inocencia, Orhan Pamuk -> Se puede llegar a querer a un personaje.
  10. El castillo, Frank Kafka -> La vida cambia cuando decides mirar por encima de la muralla.
  11. El animal moribundo, Philip Roth -> Todo es gris aunque haya sol. Antídoto: humor ácido.

Quizá debería regalar el resto de mis libros y quedarme con estos once. Quizá debería escribir al tipo cuya pésima entrada sobre las ansias de poseer libros me ha inspirado ya en tres ocasiones para darle las gracias y, de paso, decirle que si quiere seguir acumulando libros no leídos le puedo mandar los que a mí me sobran. Quizá debería plantearme que si durante catorce años leyendo a un determinado ritmo he conseguido vivir once libros, haría bien en aumentar el ritmo para tener más recuerdos. Pero: ¿A mayor ritmo de lectura más libros para la lista? ¿Es que está relacionado el ritmo de lectura con el ritmo vital? ¿Por mucho que lea no podré superar la media de un libro destacado cada año? Sería un estúpido experimento que realizar conmigo mismo.

Dejando a un lado las preguntas al aire, una conclusión interesante acerca de estas líneas es que para añadir un libro a la lista es necesario el transcurso de un determinado tiempo tras su lectura. Apostaría a que nadie es capaz de añadir un libro que haya finalizado en un tiempo menor a seis meses a su lista de libros clave. No podemos entender el momento pasado hasta que no somos conscientes de lo que ese punto de inflexión supuso para el presente.

Otro factor importante es la imposibilidad de listas parecidas. Si realizase una lista con los que considero los mejores libros que he leído, posiblemente muchos de vosotros estaríais de acuerdo conmigo. Pero no podéis entender por qué (el ladrillo de) El capital es importante para mí, o por qué he escogido El castillo cuando ni siquiera lo acabé. La relación que tenemos con los libros es personal e intransferible. No puedo explicar mi lista a alguien que no haya vivido a mi lado, como no puedo explicar mi personalidad a un desconocido. Pero alguien que me conozca (y se haya leído mi selección de libros) entenderá que no son más que mi reflejo.

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Acerca de Diego DZ

Madrid, 1988. Físico. En mis ratos libres corro y leo, también escalo y escribo.

Comentarios

17 comentarios en “Ejercicio práctico para lectores nostálgicos

  1. Coincido contigo en varios autores y en dos libros: los miserables y el castillo.Una gran reflexión de Pamuk( de este autor prefiero Nieve o Estambul).

    Publicado por halcondelanoche | 2 octubre, 2013, 10:00 AM
    • Dudé entre Estambul y El museo de la inocencia. Estambul me marcó bastante en su día, y todavía hoy suelo releer algunos capítulos para recordarlo. Una forma original de construir una autobiografía.
      saludos

      Publicado por Diego | 2 octubre, 2013, 10:07 AM
  2. De la torre de “El Castillo” hay que bajarse a veces, para mirar las cosas más de cerca. Me gusta tu lista.

    Publicado por Claudia | 2 octubre, 2013, 10:12 AM
  3. Estoy muy de acuerdo en que la lista de libros vitales para cada uno, dependen de ese momonte vital en el que pasaron por nuestro ojos.

    Un saludo.

    Publicado por albertodieguez | 2 octubre, 2013, 10:53 AM
  4. Mis libros vitales no se acaban al llegar a la última página, sigo acudiendo a ellos a menudo, es como si nunca terminara de leerlos. Varios son de poesía.

    Publicado por Santiago Pérez | 2 octubre, 2013, 12:40 PM
    • Y nunca terminas de aprender con ellos. Creo que comentábamos eso hace unos días por tu blog, las diferentes lecturas y aprendizajes que se pueden hacer de un mismo libro.
      saludos!

      Publicado por Diego | 2 octubre, 2013, 1:07 PM
  5. Una verdad como tempo, tu entrada… y tan bien escrita, comme d’habitude. A “mi nombre es rojo” de Pamuk le debo haber aceptado un trabajo de seis meses en Turquía (con residencia de tres en Estambul) y tuve la fortuna de encontrarle, antes del nobel. Esa sería uno de los míos. No voy os voy a decir mi lista pero como Santiago, varios son de poesía.

    Publicado por Triste Sina | 2 octubre, 2013, 12:49 PM
    • Gracias Triste Sina y qué afortunado por lo de Turquía y Pamuk. Me refiero justo a libros como es para ti Me llamo rojo, que te lleven a la época en la que los leíste.
      Algún día espero esa lista por tu blog 😉

      Publicado por Diego | 2 octubre, 2013, 1:06 PM
      • Le debo al libro de Pamuk el haberme yo concedido la oportunidad de aceptar (muy convencido no estaba). Después el encargo en sí y una serie de afortunadas circunstancias me lo pusieron de frente en más de una ocasión. No llevo la sintaxis conectada, como has podido comprobar…

        Publicado por Triste Sina | 2 octubre, 2013, 1:25 PM
      • Lo compruebo, pero entiendo lo que quieres decir 😉 Espero que hablaseis de algo distinto a su vida (algo que me saca de quicio de Pamuk…siempre tiene que hablar de él).

        Publicado por Diego | 2 octubre, 2013, 2:21 PM
  6. Buenas…

    Varias cosas. Coincidiendo con lo que dice Pamuk (que por cierto, a mi no me gusta) he leído este fin de semana una reflexión parecida de Arnold Bennett.

    “La segunda sugerencia es que, además de leer, pienses. Conozco personas que no paran de leer y para el bien que les hace más les valdría dedicarse a untar tostadas. Se entregan a la lectura como los hombres resolutivos se entregan a la bebida. Pasan a todo as por las provincias de la literatura, en un movimiento perpetuo que se justifica así mismo. Son el tipo de personas que te dicen cuantos libros han leído en un año”.

    No estoy de acuerdo con la afirmación de que nada más terminar un libro no puede saber si es un libro que te ha marcado. Hay libros que te dejan pegado, machacado y al terminar sabes que es “ese tipo de libros”.

    Algunos de los míos: Crimen y castigo, El último encuentro de Sandor Marai, La Caja Negra de Amos Oz, Todo cuanto amé de Siri Hustdvet, Los Miserables.

    Publicado por molinos | 2 octubre, 2013, 12:57 PM
    • Gracias por el fragmento de Bennett. Muy bueno (y con razón)
      En cuando a lo de saber si un libro te marca o no nada más acabarlo, estoy de acuerdo contigo. Pero yo me refería a si ese libro es capaz de trasladarte a una época de tu vida, como sucede con algunas canciones. Ninguno de los libros de mi lista me ha marcado como sí lo han hecho otros (Crimen y castigo, como tú mencionas,o La madre). Sin embargo, es la época en la que los leí lo que les convierte en especiales.
      Creo que se puede asemejar a la capacidad que tiene la música para trasladarte a épocas pasadas, aunque la canción no te haya marcado. A mí “Dust in the wind” de Kansas me recuerda a la Navidad, y la canción en sí no me llama mucho. Me refería a eso. “El hombre duplicado” de Saramago no me marcó como sí lo hizo “Ensayo sobre la ceguera”, pero uno me traslada a una época y el otro no. No sé si me explico…
      Muchas gracias por pasarte por aquí. Saludos

      Publicado por Diego | 2 octubre, 2013, 1:17 PM
  7. Claro, porque los libros de la biblioteca personal están ahí no sólo por el contenido del libro, sino por lo que de nosotros evocan. Cuando se releen al cabo del tiempo nada es igual. Porque nosotros no somos iguales. Porque ese momento concreto ha pasado.
    Es como con la música, efectivamente, todos tenemos la propia banda sonora de nuestra propia vida. A veces las canciones que la componen pueden no ser una maravilla, pero lo que evocan sí, o sin serlo, nos reconocemos, o nos identificamos en algún momento de nuestra vida.
    Algunos de los míos: Cien años de soledad, Travesuras de la niña mala, El cazador de instantes, El corazón helado, El Principito, Ancia, Deseo de ser punk, Demian, 1Q84.

    Publicado por patricia | 4 octubre, 2013, 2:06 PM
    • El problema llega cuando lees un libro en diferentes épocas. Los recuerdos se entremezclan y al final pierde su posición de libro-clave… Me pasó con La Isla del tesoro. Lo leí varias veces cuando era pequeño pero en diferentes épocas, que ya no recuerdo una en concreto. Supongo que dentro de muchos años me recordará sólo a una, cuando era niño.
      saludos Patricia

      Publicado por Diego | 7 octubre, 2013, 5:48 PM
  8. Hola.Desde Argentina, coincido con mas de un titulo…pero creo que ningun libro me encanto tanto como “100 años de Soledad”…despues de leer ese libro uno piensa que Garcia Marquez debe ser una especie de semi-Dios, y que acaba de dicatar la biblia de la literatura. …otro mas es “el simarillon”…no creo que tenga prescedentes dentro de la literatura!—y por fin uno mas de G.Marquez: “El amor en los tiempos del Colera”…no vivi obviamente una realacion parecidad ,pero cuando lees la historia te entra toda la nostalgia del libro y de repente sentis que el libro está fabricando parte de tu vida, que al final te das cuenta que te produjo una gran tristeza por los amores contrariados,

    Publicado por sergio | 8 noviembre, 2013, 8:57 PM
    • Justo comentaba eso: la relación que tenemos con los libros es personal. A mí por ejemplo, me aburrió “Cien años de soledad” y “El amor en los tiempos del cólera”. Aunque coincido en que son obras imprescindibles de la Literatura, no me transmitieron lo mismo que a ti, por ejemplo. Supongo que también dependerá de la época en que las leas y la edad.
      Muchas gracias por pasarte por aquí, Sergio. Un saludo desde Madrid.

      Publicado por Diego | 9 noviembre, 2013, 9:14 AM

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