//
archivos

Archivos para

Reír no es divertido II

Si usted es de los que piensan que segundas partes nunca fueron buenas, tiene dos opciones: leer esta entrada o Reír no es divertido. Bajo ningún concepto lea las dos.

Kennedy Toole riendo en los brazos de su padre.

Kennedy Toole riendo en los brazos de su padre.

Tampoco a Kennedy Toole le hacía gracia esta sociedad.  Y así lo demostró en La conjura de los necios, pese a ser una obra repleta de escenas humorísticas. Quizá escribía llorando y plasmaba la risa que necesitaba para apaciguar su llanto. Quién sabe. Lo mismo reía por no llorar, reteniendo el impulso previo a la ira que le haría lanzar por la ventana sus escritos, perfectos espejos planos que nadie quiso publicar hasta que Toole se marchó para no volver.

No sé si tronchó de risa mientras escribía las aventuras y desventuras del Quijote norteamericano, Ignatius J. Reilly. Pero se dice por ahí que Ignatius era un reflejo de Toole y que la novela en sí constituye una sátira social del momento, esos belicosos años sesenta estadounidenses. Vale que también lo fueron los anteriores y siguientes: setenta, ochenta, noventa y lo que llevamos de siglo XXI. Pero Toole no podía imaginar que su novela, publicada once años después de su muerte, es decir, a principios de los ochenta, continuaría teniendo vigencia. O sí, y por eso decidió meterse en un coche con las ventanillas cerradas mientras una manguera conectada al tubo de escape llenaba el habitáculo de monóxido de carbono. Muerte dulce, dicen.

Más que la vigencia de su obra, lo que a mí me interesa es la relación entre humor y literatura, especialmente entre aquellos escritores que, al borde del precipicio, derrocharon carcajadas como si no fuera a haber un mañana. ¿Acaso se reían? Porque yo no me imagino a Kafka riendo, y eso que tengo una fotografía en la que el joven muestra una sonrisa a punto de transformarse en risa. Pero ese es otro tema (me refiero al humor en la literatura, no la risa de Kafka) que será expuesto en cualquier momento sin previo aviso.

Panfleto anticomunista de Estados Unidos de la década de 1950, señalando de «comunistas» a la industria de la televisión y radio de Estados Unidos, industria de Hollywood, hasta a la UNESCO.

Panfleto anticomunista de Estados Unidos de la década de 1950, señalando de «comunistas» a la industria de la televisión y radio de Estados Unidos, industria de Hollywood, hasta a la UNESCO.

Si empezamos por el final, Toole se suicidó tras escaparse de casa, darle a la botella, impartir clases en Luisiana, formar parte del ejército y comprobar cómo su novela no iba a ser publicada porque a los editores les faltaba algo más que narices para colocar semejante bomba en un país obsesionado con las brujas. Seguro que el Comité de Actividades Antiamericanas le hubiera empalado frente al Lincoln Memorial. O por lo menos le hubiera invitado a largarse del país junto a su mamá, Thelma Toole, que, según dicen, le reprimía y sobreprotegía.  Si empezamos por el principio, Toole vio la luz a finales de los años treinta, en Nueva Orleans, pasó una infancia-adolescencia-juventud nada envidiable, estudió literatura, fue mandado al ejército, bebió en exceso, se escapó de las garras de sus padres y acabó encerrado en un coche lleno de monóxido de carbono. Era tan jocosa su vida que decidió regalarnos parte del humor que le sobraba en formato libro.

La conjura de los necios ganó el Pulitzer en 1981. Un año antes fue publicada gracias a la ayuda de Walker Percy, un escritor que, tras la insistencia de la madre de Toole, decidió echar un ojo al libro escrito por un muerto. La cosa funcionó para los Toole, no así para Walter Percy, que acabó siendo el salvador de “la conjura” y no el escritor que en verdad era.

Los lectores no sólo lamentamos el fallecimiento de una persona necesaria para este mundo, también la posible pérdida de la obra de un escritor de primera categoría con un punto de vista particular y necesario en sus tiempos (y en los nuestros). Cabe preguntarse cuántos escritores se quedaron por el camino…

Anuncios

Doris Lessing y el sistema educativo

Doris Lessing (1919-2013)

Doris Lessing (1919-2013)

Hoy, 17 de noviembre, se nos va una parte de Doris Lessing, la física. Pero siempre nos quedarán sus novelas y pensamientos. El mejor premio que otorga la literatura al que escribe es la posibilidad de ser inmortal. La decisión final recae en los lectores.

Su obra cumbre,  El Cuaderno Dorado, fue una lectura que nunca olvidaré, tanto por el entorno que me acompañó (una casa en mitad de una platanera), como por las reflexiones que me sugirieron sus páginas. Por eso, en el día de su muerte, he decidido seleccionar un fragmento relativo a la educación que, a mi modo de ver, sigue teniendo vigencia:

“Idealmente, lo que debería decirse y repetirse a todo niño a través de su vida estudiantil es algo así: Estáis siendo adoctrinados. Todavía no hemos encontrado un sistema educativo que no sea de adoctrinación. Lo sentimos mucho, pero es lo mejor que podemos hacer. Lo que aquí se os está enseñando es una amalgama de los prejuicios en curso y las selecciones de esta cultura en particular. La más ligera ojeada a la historia os hará ver lo transitorios que pueden ser. Os educan personas que han sido capaces de habituarse a un régimen de pensamiento ya formulado por sus predecesores. Se trata de un sistema de autoperpetuación. A aquellos de vosotros que sean más fuertes e individualistas que los otros, los animaremos para que se vayan y encuentren medios de educación por sí mismos, educando su propio juicio. Los que se queden deben recordar, siempre y constantemente, que están siendo modelados y ajustados para encajar en las necesidades particulares y estrechas de esta sociedad concreta.”

El Cuaderno Dorado, Doris Lessing.

La última nota de Stan Getz

image291

Una enfermera vigila la salud de Stan Getz durante los conciertos que graba, junto al pianista Kenny Barron, los días 3, 4, 5 y 6 de marzo de 1991 en el Café Montmartre de Copenhage. El resultado: People Time, una pieza única del jazz que Kenny Barron calificó de real, honesta, pura y bella a pesar del dolor que transmite…o gracias a él. Y es que aquellos conciertos fueron los últimos de Stan Getz y, por tanto, People Time fue grabado a modo de despedida. Tres años antes, en 1988, le diagnosticaron un cáncer de hígado que acabaría con su vida más pronto que tarde.  A pesar de su enfermedad, puso todo su empeño y alma en cada tema, dejándonos uno de esos discos inmortales, tanto por la historia que esconde como por su calidad.

First Song, uno de los temas que conforman el disco (y para mi gusto el que mejor capta la esencia de la despedida), es una balada compuesta por Charlie Haden para su mujer, Ruth. Fue en 1990 cuando Stan Getz escuchó por primera vez el tema a manos del cuarteto de Haden, quedando tan impresionado que decidió incluirlo durante los conciertos de People Time.

[Documental] José y Pilar

La entrada de hoy no lleva letra explícita. Se trata de José y Pilar, el documental realizado por Miguel Gonçalves Mendes sobre la vida de José Saramago y Pilar del Río.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Tolstoi y Bukowski en la batidora

Tolstoi vs. Bukowski.

Tolstoi vs. Bukowski.

Estaba sentado en el vagón de metro leyendo una novela cuando unos chicos borrachos se colocaron frente a mí. Uno de ellos sacó de la mochila un libro para leer un fragmento a sus amigos. Después alzó la voz y dijo al resto de viajeros: «¡Hermanos!, hay que leer a Bukowski». Yo pensé que era un evangélico de esos que te asaltan por la calle, y que ese Bukowksi debía ser un santo. Pero bueno, apunté sus palabras y al día siguiente fui a la biblioteca en busca de ese tipo.

Tres años después, a miles de kilómetros de aquel metro, abrí un blog para pasar el rato. La primera entrada estuvo relacionada con mi primer encuentro con Charles Bukowski.

De eso ya ha pasado un tiempo, tampoco mucho, y me pregunto cuándo dejé de leer al viejo Hank. Creo que fue tras la lectura de Cartero, dos meses antes de escribir la entrada. Pero ¿por qué dejé sus textos si todavía me quedaban poemas y algunos relatos por leer? No lo sé, supongo que me recuperé de esa fiebre bukowskiana que la mayoría de jovenzuelos pasamos alguna vez. Ya sabéis, esas ganas de leer lo prohibido, de visitar el underground, de desear que el pulp no muriera, de recibir libros con dedicatorias del estilo:

Eres un lector “cochino”, pero te quiero.

Que lo disfrutes. Feliz Navidad 2010.

Vale, puede que leer ciertos títulos como Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones, Se busca una mujer o La máquina de follar te conviertan en un “lector cochino” (aunque estoy en completo desacuerdo, que conste). Pero esa misma persona, cuando yo hinqué los codos en mis costillas para sostener las obras de Tolstoi, no me regaló Guerra y paz con la dedicatoria que merecía: Eres un lector “realista”, pero te quiero.

Soy más tolstoiano que bukowskiano, aunque en mi ring literario Bukowksi le metiera una tunda a Tolstoi de la que todavía hoy no se ha recuperado. Y lo soy (entre otras razones relevantes que no vienen al caso) porque admiro a los lectores de Tolstoi más que a los de Bukowski. Digamos que me atrae el glamour del marginado.

Leer a Tolstoi es fácil, siempre y cuando estés acostumbrado a las carreras de fondo. Sin embargo, leer a Bukowski es difícil si luchas por no caer en el estereotipo del lector típico, aquel que tras una primera lectura no ha entendido nada, sólo se ha fijado en la historia y se ha reído, ha llorado y deseado ser su protagonista. Son esos que después quieren escribir, beber y vestir como Bukowski. Y por si fuera poco, ¡se creen él! No miento. Les he visto en lugares públicos sin sentir vergüenza, paseando sus egos como si el resto no supiéramos a quién copian.  No digo que tengan que refugiarse en sus casas para beber oporto y fumar cigarrillos mientras escriben a máquina porque es más beat. Sólo que asuman con la cabeza bien baja que son una copia barata, ya que no asumirlo supone colocar a su dios a la altura de los siervos.

Charles Bukowski.

Charles Bukowski.

Que Tolstoi no matara franceses en su vida privada, que no se hiciera anacoreta o se cargara a su mujer por adúltera, que no fuera un joven enamorado de una mujer casada o muriera sin haber vivido, no le convierte en un mainstream, por supuesto. Me refiero a que es más literario, más fácil de digerir porque sus novelas no son más que eso, novelas. No construye con ellas un personaje que tiente al lector a la reproducción, ni muestra un estilo atrayente para los plagiadores (ellos mismos saben que su prosa es inalcanzable). En definitiva, es un escritor que no alimentó un icono a través de sus textos.

Hoy en día es más underground leer a Tolstoi que a Bukowski. El sistema en el que vivimos aniquila cualquier reivindicación directa mediante su inyección natural en la sociedad. Lo mismo sucedió con la imagen de Ernesto Guevara, tan usada que deshizo su significado en las imprentas.

Si no puedes con tu enemigo, hazlo tu amigo  y comercialízalo. Sólo así se ha conseguido que determinados textos se lean sin desear la fusión de los amos del mundo con el fuego.

Me gustan los hombres desesperados, hombres con los dientes rotos y los destinos rotos. También me gustan las mujeres viles, las perras borrachas, con las medias caídas y arrugadas y las caras pringosas de maquillaje barato. Me gustan más los pervertidos que los santos. Me encuentro bien entre marginados porque soy un marginado. No me gustan las leyes, ni morales, religiones o reglas. No me gusta ser modelado por la sociedad.

Cojones. Charles Bukowski.

Por muy transgresor que parezca, estamos acostumbrados a ello. Ese lanzamiento de palabras a la yugular nos resulta familiar, demasiado manido. Ahora parece que volvemos a buscar la crítica encubierta a la que ya dedicamos unas líneas en ¿Lectores de prólogos?  Haberlos, haylos.

Ha llegado el momento de trasladarse al campo, donde todo se esparce y todo florece. Y la mayor parte de los ricos se van al campo a respirar aquellos aires sanos y a contemplar los campos y los bosques embellecidos. Y allí, entre aquellos pobres campesinos andrajosos, que se mantienen con pan y cebolla, que trabajan dieciocho horas al día y que no duermen lo que necesitan dormir, allí van a instalarse los ricos.

La vida en el campo. Lev Tolstoi.

Estos fragmentos que he seleccionado tienen más en común de lo que a primera vista pueda parecer. No obstante, sólo el de Tolstoi es peligroso en tiempos convulsos, pues la evidencia no va a acabar con el amo, por mucho que la porra deje huella y los gritos lleguen a los dormidos. Es el agua exprimida tras la reflexión de la lectura la que alimenta las semillas que tiempo después germinarán. El resto es sencillo, sólo hay que levantar adoquines para plantar más.

Tolstoi "on the road".

Tolstoi “on the road”.

Nos han robado hasta el otoño

Si nos descuidamos hasta las pocas hojas de otoño que nos quedan serán empaquetadas y vendidas. Algún banco comprará los derechos de las aceras y pisar sus hojas será cosa de privilegiados.

Mientras tanto…