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Sin nombre 2013

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí.

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí.

Parece ser que cuando finaliza el año se hace repaso de lo sucedido durante los doce meses pasados, como si la vida acabase cada 31 de diciembre. Las 10 mejores fotografías del año, los 10 personajes del año, las 10 frases del año, los 10 mejores libros del año, las 10 mejores películas del año…y así hasta que la imaginación se da por vencida o el año nuevo llega sorprendiendo al que todavía seguía pensando en el pasado.

Entonces es cuando empiezan las falsas propuestas, ésas que se repiten año tras año porque nunca se tiene el tiempo suficiente para llevarlas a cabo, pero sí excusas.

Llegaremos al 31 de diciembre de 2014 pensando en todo lo que no hicimos y leyendo artículos sobre las 10 mejores películas, libros, frases… del año. Así siempre, año tras año, lamentándonos de que nunca tuvimos tiempo para hacer lo que quisimos. Sin embargo, hay otro camino distinto a la procrastinación. Y siempre lo hubo.

Nos vemos el año que viene.

-¿Así que quieres ser escritor?- (En V.O. aquí)

Si no te sale ardiendo de dentro,

a pesar de todo,

no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del ordenador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,

no lo hagas.

Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.

Charles Bukowski.

Highway Magazine

Lo más peligroso de hacer puenting no es el riesgo de caer al vacío, es no atreverte a saltar.

Highway Magazine

Logo Highway Magazine.

Logo Highway Magazine.

Hace un mes me escribieron para colaborar en un proyecto que llevaba como título Highway  Magazine. Lo primero que pensé fue lo bien que viste el inglés. De hecho, hace un rato lo comentaba con un amigo. «Imagínate que hubiesen decidido poner el nombre en castellano», me decía, «Revista Autopista. Y que luego fueras recomendando por ahí leer lo último de Revista Autopista. ¿Quién coño se va a interesar por algo que se llama así?» El castellano es un idioma increíble, complejo y literario, pero el inglés es glamuroso.

Bromas aparte. Hoy ha nacido Highway Magazine, un blog que, dependiendo de los lectores, irá evolucionando a formatos más profesionales. En Twitter lo encontraréis como @RevistaHighway mientras que en wordpress como  highwaymagazine.wordpress.com.

No conozco a ninguno de sus integrantes, al igual que ellos no me conocen a mí, pero en el ambiente se respiran ganas de hacer las cosas bien, con rigor, calidad y pisando lento pero fuerte. Parece que el detalle está cuidado, los tiempos medidos y la temática abierta, algo que me apasiona porque me resulta difícil encasillarme en un solo tema.

En lo que a mí se refiere, de momento tengo pensados diez artículos sobre literatura, ciencia y deporte. A parte de esos, pienso escribir una serie sobre física cotidiana, para poner mi granito de arena en la lucha contra el analfabetismo científico. Por aquí iré enlazándolos para que de vez en cuando os paséis por el blog.

Sin más, os dejo con la presentación de Highway Magazine:

Recuerdo mi primer día de colegio con lejanía. Recuerdo que no quería entrar en clase y que lo hice a regañadientes, intentando burlar la seguridad de mi madre cual atracador de banco que sabe que la policía le está esperando fuera. La foto que acompaña a este recuerdo en el álbum familiar es bastante diferente: allí aparezco yo, con unos pantalones cortos, las manos en los bolsillos  y cara de resignación a juego, alegre pero intranquilo, a sabiendas de que va a pasar algo que no me va a gustar. -> Seguir leyendo.

Rompiendo roles: Afternoon in Paris

En 1948, un jovencísimo Sacha Distel (ese cantante y guitarrista francés conocido entre el gran público por sus mediáticos tonteos con Brigitte Bardot) se quedó impresionado con la actuación de la big band de Dizzy Gillespie que su tío había organizado en París. Al piano se encontraba John Lewis, un músico negro obsesionado con acortar la distancia entre la música clásica y el jazz, tal y como quedó reflejado en su inmenso trabajo en la dirección del Modern Jazz Quartet.

Tras la actuación de la big band de Guillespie, Sacha Distel dejó de lado la tradición musical europea para meterse de lleno en los terrenos del swing. Si ver a un joven francés tocar swing con su guitarra ya resultaba extraño, lo que vino después (exactamente en el invierno de 1956) constituyó un hito en la historia del jazz.

Afternoon in Paris fue grabado por europeos y estadounidenses con los roles intercambiados: los estadounidenses tirando hacia lo clásico mientras los europeos aportaban el swing. El resultado fue una obra imprescindible y curiosa.

El corte que resulta más atractivo es el segundo, Dear Old Stockholm, versión del tema folclórico sueco Ack Värmeland, du sköna.  En él se puede apreciar las fusión de dos corrientes en un principio opuestas para dar un sonido personal. Todo un ejemplo de la influencia que tuvo la música negra en la Europa de postguerra.

Afternoon in Paris

John Lewis, piano/Sacha Distel, guitarra/Barney Wilen, saxo tenor/Pierre Michelot, bajo (en 1-3)/Percy Heath, bajo (en 4-6)/Connie Kay, batería (en 1-3)/Kenny Clarke, batería (en 4-6)

París, Francia, diciembre 1956.

Kit de supervivencia para blogueros fecundos

Hulton Archive

Hulton Archive

No quiero ni siquiera saber si antes de mí hubo otro hombre, dijo en una ocasión René Descartes. Dudo que fuera el primer hombre en nacer, aunque es seguro que nadie como él nació antes porque, por mucho que nos pese, Descartes sólo hubo uno.

Esa frase fue adoptada por los dadaístas para colocarla en una de sus primeras publicaciones. Nadie hubiera definido mejor el movimiento Dadá que Descartes (esta afirmación hace añicos y pisotea los principios del dadaísmo), más que nada porque es inherente al movimiento la ausencia de definición. Pero bueno, demos por válida la de Descartes ya que transmite la idea que tenía Hugo Ball y Tristan Tzara cuando empezaron a reírse en la planta de arriba de un teatro de lo que en la planta baja se representaba (búsquese Cabaret Voltaire para salir de dudas, si es que se tienen).

Lo bueno y malo que tiene el dadaísmo es que no se acoge a reglas, de tal manera que la ausencia de lógica predomina en todas las obras. Esto es positivo porque cualquiera puede ser dadaísta y crear obras sublimes, tal y como recomendaba Tzara en Siete manifiestos dadá:

Coja un periódico

Coja unas tijeras

Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema

Recorte el artículo

Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa

Agítela suavemente

Ahora saque cada recorte uno tras otro

Copie concienzudamente

en el orden en que hayan salido de la bolsa

El poema se parecerá a usted

Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo.

Y es negativo porque cualquiera puede ser dadaísta y crear obras sublimes, tal y como recomendaba Tzara en Siete manifiestos dadá.

El legado dadaísta, más que el propio movimiento Dadá, fue lo que vino después: distintas corrientes artísticas inspiradas en él. Pero eso es otra historia y no será contada en otro momento.

La fuente, Marcel Duchamp.

La fuente, Marcel Duchamp.

Hace unos días, mientras escribía un artículo para Highway Magazine (una web cultural de la que pronto hablaremos por aquí), di con una página que mandaría a la letrina de Marcel Duchamp el bloqueo de los blogueros que se se exigen a sí mismos escribir casi todos los días. La solución pasa, como no podía ser de otra manera después de lo escrito, por inmiscuirse en los terrenos del dadaísmo.

Language is a Virus. Así se titula la web en la que se pueden encontrar juegos de manipulación de texto, ejercicios de escritura, artículos, vídeos, generadores de haikus, de sonetos de Shakespeare, de poesías… las opciones son infinitas, por lo que las entradas basadas en ellos también.

Por ejemplo, en la opción visual poetry, es posible generar textos con distinta forma, dependiendo de la velocidad con la que muevas el ratón, y con colores según gustos, como se puede ver a continuación:

Ejemplo "visual poetry".

Ejemplo “visual poetry”.

Para los aficionados a los haikus, en la web hay una sección dedicada a ellos, en la cual es posible crearlos con diferentes ejercicios. Si alguno está interesado, que se olvide del sentido que pueda tener el producto final.  La gracia es que carezca de él.

Recomiendo visitar la página web y realizar algunos ejercicios o juegos para conocer algo más sobre el dadaísmo.  Además, en momentos de bloqueo,  es un buen lugar para inspirarse.

Porno literario

Entrada publicada en mi anterior blog el 31 de agosto de 2012.

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Añoro esos tiempos en los que nos sentábamos a la mesa mientras alguien leía la nueva entrega de “David Copperfield”. ¡Calla!, que no oigo la tele.

Millones de personas a la misma hora se sientan delante de un aparato que proyecta imágenes sobre la retina del espectador. Familias enteras – que no se han visto en todo el día – mantienen un inquietante silencio mientras escuchan con atención a un desconocido hablar desde ese aparato. Cuando la cena ha sido engullida, los viejos se sientan en un sillón y siguen mirando la caja mientras los más jóvenes se esconden en sus madrigueras y encienden diversos aparatos encargados de ponerles en contacto con gente que también posee esos aparatos. El mundo está conectado a la vez que desconectado. Ellos son felices, se emocionan cuando su interlocutor les envía un emoticono. Los sentimientos han sido empaquetados. Les gusta.

Al día siguiente, la familia sale de casa. Los mayores marchan en coche escuchando la radio en silencio, porque son educados y saben que mientras uno habla el resto calla. Los jóvenes viajan en metro enganchados a un aparato que, a las 7 a.m, les sigue manteniendo en contacto con personas que van a ver en pocos minutos. Les miro. Levanto la mirada por encima de mi libro (no electrónico, porque soy gilipollas y sigo pensando que existe un vínculo entre el papel y el lector) y escupo al primero que tengo delante. Con ligereza, el ser escupido se limpia la saliva que ha ido a parar a sus labios. Después me pide mi número de móvil. Se lo doy. Al cabo de unos segundos recibo un sms del ser escupido que dice: “ijo d la grn puta”. Como no tengo saldo y, por tanto, no puedo emprender una batalla virtual, le lanzo mi ejemplar de “Guerra y Paz” a la cara. El ser escupido se asusta. Tira de la palanca de emergencia. Las puertas se abren. Él huye y yo me río.

Cuando llego a mi lugar de destino, un compañero me dice que he sido TT en Twitter con el hashtag #hijodePutadelmetro. Al parecer, algún cibernauta ha grabado la escena del metro y la ha subido al youtube. Estoy siendo sometido a un juicio virtual.

El gobierno, presionado por la repercusión mediática que está teniendo mi arrebato subterráneo, ha decidido censurar el libro “Guerra y Paz” por incitar a la violencia. Todas las librerías de la ciudad lo están quemando. La población, asustada, busca en sus estanterías un maldito ejemplar de “Guerra y Paz” para tirarlo a la basura.

Por la tarde soy detenido, llevado a comisaría, encerrado en un calabozo y dejado en libertad sin cargos al cabo de dos días. Salgo de la comisaría. Camino. Llego a una librería y pido un ejemplar de “Guerra y Paz”. El empleado me informa que ese libro ha sido censurado por orden del gobierno. Le pido cualquier otro libro. Me dice que no hay libros, que han quemado todos. Le digo que estoy en una librería, que tiene que tener algo, aunque sea la mierda laminada de Dan Brown. No, no hay libros, me dice. ¿Qué tiene?, pregunto. Me contesta que porno literario. ¿Qué es eso?, pregunto sin ocultar mi ignorancia. El empleado saca una caja parecida a un televisor y me invita a meter la cabeza en ese cubículo. Cuando la tengo dentro, el empleado pulsa un botón. “On”. Imágenes estridentes me golpean la cabeza durante unos minutos. Cuando no puedo más, saco la cabeza y le digo que ha sido espectacular. ¿Te ha gustado?, me pregunta. Ya lo creo, le digo, he  disfrutado de todas las sensaciones que me transmite una novela en un par de minutos. Compro ese trasto y me lo llevo bajo el brazo. Cuando llego a casa lo tiro por la ventana. Acto seguido cojo un libro de mi estantería. Se llama “Fahrenheit 451”. Dicen que es ciencia ficción.

“Los contaminadores hablan, nosotros marchamos”

Bajo este eslogan abandonaron unas 800 personas la cumbre de Varsovia sobre cambio climático después de calificarla como la peor hasta la fecha.

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Parece ser que el cambio climático preocupa a pocos por eso de ser algo lejano, a pesar de que las catástrofes medioambientales evidencian que (hoy) algo no marcha bien. No es extraño dar con gente que justifica el cambio climático con el incorrecto argumento «siempre ha habido ciclos». Y aunque es cierto que en los últimos 650000 años se han dado siete ciclos de avance y retroceso glacial, siglos de desarrollo científico han permitido elaborar modelos para predecir – dentro de ciertos márgenes –, cómo debe evolucionar la temperatura global, entre otros parámetros empleados para estudiar la “vida” de la Tierra.

Algunos todavía se sorprenden tras escuchar la afirmación de que la actividad humana desde la Revolución Industrial ha modificado considerablemente las expectativas derivadas de los modelos. Otros, sin embargo, se evaden del problema apuntando con el dedo a los grandes responsables y olvidando que todos tenemos parte de culpa, por pequeña que pueda ser considerada frente a la de los gigantes.

En el año 2007, Jean-Marc Jancovici desarrolló un método para calcular la huella de carbono personal (gases de efecto invernadero que un individuo emite por efecto directo o indirecto). El cuestionario consta de preguntas relacionadas con el alojamiento, transporte, alimentación y el consumo de dispositivos electrónicos. Realizarlo constituye un estupendo ejercicio para comprobar cómo las acciones locales tienen efectos globales. (Ir a Calculadora de huella de carbono).

Huella de carbono.

Si hay algo que me llamó especialmente la atención cuando estuve leyendo acerca de la huella de carbono, fue el proyecto CO2Stats desarrollado por el físico Alex Wissner-Gross. Uno de los resultados que arrojó su investigación acerca del consumo de CO2 al utilizar internet, es que una búsqueda a través de Google puede generar un consumo de entre 2 y 7 g de CO2, cantidad equivalente a calentar agua para preparar un café.

Para los más curiosos y concienciados, Alex Wissner-Gross desarrolló una página web, Green Certified Site, en la que es posible pedir el cálculo de la huella de carbono de tu web o blog personal, valor que depende del número de visitas y la potencia del servidor. Así que ya sabéis, a más visitas, menos ecológico es vuestro espacio.

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Huella de carbono de internet.