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Fragmentos

La agonía y el sudor

American author William Faulkner (1897 - 1962) works on a screenplay at his typewriter on a balcony, Hollywood, California, early 1940's. He is shirtless and wears shorts, heavy wool socks, shoes and sunglasses. (Photo by Alfred Eriss/Pix Inc./Time Life Pictures/Getty Images)

American author William Faulkner (1897 – 1962) works on a screenplay at his typewriter on a balcony, Hollywood, California, early 1940’s. He is shirtless and wears shorts, heavy wool socks, shoes and sunglasses. (Photo by Alfred Eriss/Pix Inc./Time Life Pictures/Getty Images)

Si tuviera que escoger dos palabras para definir a William Faulkner, no tendría espacio para otras que no fueran agonía y sudor. Sudor durante el proceso creativo y agonía la del espíritu humano.

Justo ayer cayó en mis manos un escrito de Mario Vargas Llosa en el que suponía que una novela completa era un cubo. «Completa: es decir, toda la historia sin omitir un solo detalle, gesto o movimiento de los personajes, objeto o espacio que ayude a entenderlos y situación, pensamiento, conjetura y coordenada cultural, moral, política, geográfica y social sin los cuales  algo quedaría cojo e insuficiente para la comprensión de la historia». Bien apuntaba que ni la más realista de las novelas es una novela completa, pues el autor siempre deja una parte de la historia sin relatar – he ahí la belleza de la literatura que encuentra en cada lector un nuevo punto de vista –. Concluía entonces que «el objeto que se desprende del cubo en cada novela de Faulkner es acaso la escultura más barroca y astuta que haya producido el universo de formas narrativas».

Recién finaliza El ruido y la furia y dispuesto a inmiscuirme – si las fuerzas tras la paliza me lo permiten – en su Santuario, releo el discurso con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura que William Faulkner entonó para los del auditorio y los que no estaban allí, sino escribiendo con sudor y agonía el camino que les llevaría hasta donde él se encontraba. Se trata de un texto que he leído hasta la saciedad, de forma enfermiza porque es capaz de condensar en 567 palabras las razones de la escritura, la agonía de la vida y el sufrimiento de ésta y del proceso creativo. Una pieza única para amantes de la literatura y de la vida (si es que son separables), que merece ser leída con atención antes de regresar a los pasajes oscuros de los que sacar las conclusiones que su cubo (im)perfecto nos ofrece.

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Discurso con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura. Estocolmo, 10 de diciembre de 1950. William Faulkner.

Siento que este premio no me ha sido concedido a mí como hombre, sino a mi trabajo – el trabajo de una vida en la agonía y el sudor del espíritu humano, no por la gloria ni mucho menos por el beneficio, sino para crear a partir de los materiales del espíritu humano algo que no existía antes –. Así que este premio es mío solo en fideicomiso. No resultará difícil encontrar un destino para el dinero que resulte parcialmente acorde con el propósito y la relevancia de su origen. Pero también me gustaría hacer lo mismo con el aplauso, usando este momento como un pináculo desde el cual pueda ser escuchado por los hombres y mujeres jóvenes que ya se dedican a la misma angustia y penalidad, entre los que ya está aquel que un día estará aquí donde estoy yo.

Hoy en día nuestra tragedia consiste en un miedo físico general y universal sostenido desde hace tanto tiempo que incluso podemos soportarlo. Ya no hay problemas del espíritu. Solo está la pregunta: ¿cuándo seré barrido? Debido a ello, el joven o la joven que hoy se dedica a escribir ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo que es lo único que puede generar buena escritura porque es de lo único que merece la pena escribir, que merece la agonía y el sudor.

Debe aprenderlo de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más bajo de todo es estar asustado; y, enseñándose eso, olvidarlo para siempre, sin dejar sitio en su taller para nada salvo las viejas certezas y verdades del corazón, las viejas verdades universales sin las cuales cualquier historia es efímera y está condenada – amor y honor y piedad y orgullo y compasión y sacrificio –. Hasta que hace eso, trabaja bajo una maldición. No escribe acerca del amor sino acerca de la lujuria, acerca de derrotas en las cuales nadie pierde nada de valor, acerca de victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Sus aflicciones no afligen hasta lo más hondo de un modo universal, no dejan cicatrices. No escribe acerca del corazón sino acerca de las glándulas.

Hasta que no aprenda otra vez estas cosas, escribirá como si estuviese entre ellos y contemplase el fin del hombre. Resulta bastante fácil decir que el hombre es inmortal simplemente porque resistirá: que cuando la última campanada de muerte haya repicado y se haya extinguido de la última insignificante roca que cuelga sin conocer la marea en el último atardecer rojo y agonizante, que incluso entonces todavía habrá un sonido más: ese de su endeble voz inexhausta, todavía hablando. Me niego a aceptar esto. Creo que el hombre no solo resistirá: prevalecerá. Él es inmortal, no solo porque entre todas las criaturas él tenga una voz inexhausta, sino porque tiene alma, un espíritu capaz de compasión y sacrificio y resistencia. El deber del poeta, del escritor, consiste en escribir acerca de estas cosas. Es un privilegio suyo el ayudar a resistir al hombre elevando su corazón, recordándole el coraje y el honor y la esperanza y el orgullo y la compasión y la piedad y el sacrificio que han sido la gloria de su pasado. La voz del poeta no solo tiene que ser el registro del hombre, puede ser uno de los puntales, de los pilares que le ayuden a resistir y prevalecer.

 

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Acerca de Diego DZ

Madrid, 1988. Físico. En mis ratos libres corro y leo, también escalo y escribo.

Comentarios

4 comentarios en “La agonía y el sudor

  1. Dos cosas.

    Ya era hora de que volvieras a escribir 🙂

    Y una confesión: no he leído a Faulkner.

    Publicado por molinos | 18 marzo, 2014, 8:05 AM
    • Ya me gustaría a mí poder jugar con el tiempo como Faulkner para escribir por aquí más a menudo.
      Me sucede a menudo con libros, series y películas. Cuando acabo uno pienso: ojalá todavía no lo hubiera leído para volver a leerlo con la misma “ignorancia”. Tienes todavía un tesoro por descubrir, así que eres afortunada 🙂
      (Yo solo he leído ensayos y discursos y El ruido y la furia.)

      Publicado por Diego | 18 marzo, 2014, 2:52 PM
  2. Vaya por Dios, cuánta aura mística pierde el tío en pantalón corto y a pecho descubierto. ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?

    Publicado por elcriticoabulico | 18 marzo, 2014, 10:28 AM

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