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Escritores/as, Libros

El legado de los Fante

The early days in Malibu at the house on Cliffside Drive with Rocco and Keeda (dogs)./ Fante family.

The early days in Malibu at the house on Cliffside Drive with Rocco and Keeda (dogs)./ Fante family.

John Fante (1909, Colorado -1983, California)

Dan Fante (1944, California)

«Si quisiera podría destruir tu vida en 20 palabras o menos», escuchó Dan Fante decir a su padre durante una fiesta en su casa de Los Ángeles. Por aquel entonces, John Fante ya era un guionista de Hollywood, cobraba 250 $ semanales, jugaba al golf después del trabajo y frecuentaba bares con sus compañeros. Una vida cómoda, bañada en alcohol y vicios. Su primera novela, Camino de los Ángeles (1933. Publicada en 1985), lejos quedaba, y la depresión, la más cruel de sus enemigos, le hundía con frecuencia en una vida que no había soñado.

Hay escritores a los que se les puede desligar de su vida sin que su obra quede coja. Pero hay otros – aquellos que sus textos reflejan vivencias y pensamientos – que no pueden ser entendidos sin mezclar, tal y como hicieron ellos, vida y obra.
John Fante nació en 1909 y murió de diabetes en 1983. Durante los últimos años, disfrutó de una fama pasajera gracias al que fue admirador suyo, Charles Bukowksi. Recuerda éste, en el artículo-relato Conozco al maestro (incluido en Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. Relatos y ensayos inéditos 1944-1990), sus incursiones a la Biblioteca Pública de Los Ángeles para encontrar «algo que me ayudara a sobrellevar el día, a cruzar la calle, algo a lo que agarrarme». Pero siempre daba con los mismos escritores que «se servían de largos párrafos y páginas de descripción», aquellos que «construían la trama y desarrollaban el personaje, pero sus personajes eran muy poco interesantes y lo que en el fondo contaban las historias no era gran cosa. Poca cosa se decía de las vidas desperdiciadas de la mayoría de la gente, la tristeza, toda la tristeza, la locura, la risa a través del dolor». Narra con desesperación la búsqueda de algo que se alejara de la literatura que durante siglos había construido un muro infranqueable y carga sobre los escritores que sin tener nada que decir se había colocado en la primera fila. En ese texto confunde alcohol con literatura hasta que por fin, aliviado, describe cómo cae en sus manos un ejemplar de Pregúntale al polvo (1939), la obra que definiría por completo su estilo. El autor, como no podía ser de otra manera, era John Fante, un desconocido que tenía publicados unos cuantos libros pero que habían pasado desapercibidos para la crítica y el público. Pero Bukowski quedó tan impresionado que no paró hasta que convenció a su editor para que moviera hilos con el fin de publicar el ya descatalogado Pregúntale al polvo. Treinta y nueve años después de su primera edición, mientras el cuerpo mutilado de John Fante se descomponía, Bukowski escribió el prólogo que presentaría, por segunda vez, un pilar inconfundible del realismo sucio. Lo firmó el 5 de junio de 1979.

Por aquel entonces, John Fante ya no era el hombre de carácter duro que había sido. Como consecuencia de la diabetes que arrastraba desde 1959, había perdido algunas extremidades y vivía entre su casa de Los Ángeles y el hospital. En 1983 falleció, arropado por una familia que pocas veces estuvo igual de unida. Entre ellos, Dan Fante, el hijo maldito, borracho como fue su padre, una bala perdida, un drogadicto, putero y desesperado; un hombre que estaba al borde del suicidio y que sin la aliada de muchos, la literatura, habría acabado muerto a base de pastillas o aplastado bajo un puente. Resulta sobrecogedor leer su primera novela, Chump Change (1998), en la que describe con una sensibilidad áspera los últimos días de su padre en el hospital, las aventuras nocturnas, la ansiedad de los días y de las noches, el alcohol como alivio y la soledad como cárcel. No se puede catalogar de realismo sucio porque supera toda vara de medir. Dan Fante es un poeta que escribe en prosa, colocando cada frase como si de un puñetazo en la boca del lector se tratara; y te deja sin aliento. Chump Change supone la muerte de John Fante y el renacimiento de Dan, también el redescubrimiento de un padre escritor que sin saberlo le había querido. No es una novela al uso, es un testimonio, un diario de supervivencia para el que entonces estaba viviendo la muerte de un padre mientras se percataba de que tan solo tenía que mirar hacia arriba para ver el agujero por el que entraba el alcohol que le había matado en vida.

Dan Fante. In front of his father John Fante’s square, Downtown LA.

Dan Fante. In front of his father John Fante’s square, Downtown LA.

Si Chump Change sirvió a Dan Fante para escapar de sí mismo, superar el alcoholismo y empezar de nuevo, Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia (2011), es la aceptación de todo lo que su padre y él habían sido. Pocas biografías pueden ser más sinceras que las escritas por los hijos. En ellas no hay lugar para las mentiras ni para las medias verdades, tampoco para ensalzar lo que nunca fue pero el autor deseó que fuera. En Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia, dos biografías se mezclan como agua y aceite, rozándose, tratando de inmiscuirse la una en la otra para dejar claro que una de ellas, la de Dan Fante, no tiene sentido sin la otra. Es una lectura que ofrece un privilegiado punto de vista de la vida y obra de John Fante, la de un hijo que observa cómo su padre es consumido por una depresión producto de no haber sido quien había deseado ser. Así recuerda en Chump Change: «Fue en aquella casa donde aprendí lo que ocurre cuando un artista apasionado abandona lo que ama y acaba por detestarse a sí mismo. Allí fui testigo de sus borracheras. Allí lo vi tratar a sus seres queridos con desprecio y resentimiento, mientras las sumas de los cheques que cobraba eran cada vez más elevadas». Y concluye en Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia: «Mi padre era un artista por los cuatro costados. Aparcó su pasión durante periodos largos pero nunca renunció a ella. A lo largo de la vida de anonimato casi total, se aferró a su don. La mayoría de las novelas las escribió porque sí, no por la fama ni por el reconocimiento. Escribía porque era escritor. Su ejemplo imperecedero hizo que yo, su segundo hijo, un inútil, un tarado y un alcohólico, lo quisiera de todo corazón». Estas memorias constituyen la pieza que faltaba para comprender las historias de John Fante, la razón de su estilo áspero y corrosivo, lleno de vida y a la vez de desgracia, sustentado en sus recuerdos.

El vino de la juventud (1940), un conjunto de veinte relatos publicados por primera vez en castellano en el año 2013, nos acerca a la vida de un niño que crece en una familia de migrantes italianos. No forman en conjunto una autobiografía de su infancia y adolescencia, aunque sí arrojan luz sobre su percepción de la familia, las reflexiones en torno a la religión y el pecado (pilares fundamentales en su obra) y, sobre todo, el complejo de «macarroni» que arrastra, con todos los traumas que ello conlleva para un niño que no se siente parte de la sociedad en la que vive.

John Fante

John Fante

Pese a las dificultades familiares, las borracheras de su padre y los deseos de éste por verle convertido en albañil, en 1929, John Fante marcha a California para dedicarse a la literatura. Durante años probó suerte mandando relatos a la prestigiosa revista The American Mercury, hasta que su editor, H.L. Mencken, cansado de leer cartas y cartas de John Fante escritas a mano, le respondió que cuando escribiera un relato a máquina se lo publicaría. Nunca había escrito a máquina, ni siquiera tenía una, así que pidió ayuda a un amigo que le mostró cómo se hacía. Colocó una hoja blanca en la máquina y escribió: «Now is the time for all good men to come to the aid of their party». Desde ese día, John Fante escribiría la misma frase cada vez que se sentara a probar una nueva máquina de escribir. H.L. Mencken cumplió con su parte del trato, publicando el relato Monaguillo, incluido en el mencionado libro El vino de la juventud. Después llegaron las tres primeras novelas de la saga de Arturo Bandini – su carismático alter ego que no deja indiferente a nadie –: Camino de los Ángeles (inédita hasta 1985), Espera a la primavera, Bandini (1938) y Pregúntale al polvo (1939).

Tras una acogida no demasiado efusiva, John Fante recibió una oferta para trabajar en la industria de Hollywood. Allí se ganaban la vida otros escritores como William Faulkner o F. Scott Fitzgerald, quien llegó a decir que había ganado más dinero escribiendo «guiones de mierda» que buenas novelas. Lo cierto es que Fante no pasó a la historia como guionista ni tampoco lo deseó. Trabajaba para comer, beber y mantener a su familia. En Sueños de Bunker Hill (póstuma, 1985) – última entrega de la saga de Arturo Bandini, dictada a su mujer en el ocaso de su vida cuando la diabetes le había dejado ciego –, relata la historia de un joven escritor que se ve arrastrado a trabajar en las oficinas de Hollywood. Muestra el lado oculto de la industria, sin adornos ni camerinos, un lugar en donde el mismísimo Faulkner perdió la cabeza, tal y como retrataron los hermanos Coen en Barton Fink.

Aquellos años de guionista se tradujeron en sequía literaria. Desde que se publicó Pregúntale al polvo hasta que volvió a escribir transcurrieron más de veinte años. Llenos de vida (1952) es el título de la novela con la que volvió a probar suerte; pero es un texto sin substancia, demasiado flojo para que alguien le prestara atención. Quince años más tarde, publicó La hermandad de la uva (1977), novela en la que analiza la figura de su padre en escasas páginas manchadas de alcohol. Francis Ford Coppola se quedó prendado de ella y quiso llevarla al cine, pero los problemas económicos que estaba teniendo con el rodaje de Apocalipsis Now eran suficientes para que las productoras se negaran a asumir otra bella locura de Coppola.

Cuarenta años y dos novelas. Cuarenta años dedicados a corregir y redactar guiones por encargo, viendo cómo la industria crecía al tiempo que él se hacía más pequeño, duro y enfermo. Su trabajo por un lado, la diabetes por otro, la caza de brujas apuntando a su cabeza y un par de hijos que heredaban la condena de los Fante, el alcoholismo. A pesar de poder encasillar su vida como un fracaso de principio a fin, no deja de maravillar – o al menos a mí me lo parece – la constancia que tuvo para jamás rendirse y tener siempre la puerta abierta a una pasión que, aunque no le daba de comer, le mantenía vivo. Su relación con ella es un claro ejemplo de aquello que decía Anton Chéjov: «La medicina es mi legítima esposa, y la literatura es mi amante». Para Fante el guión no fue su legítima esposa, sí la de conveniencia, amiga de numerosos guionistas y directores de la época, que le mantuvo en un nivel de vida imposible para la mayoría de la sociedad estadounidense.

Y así volvemos al inicio, a la cama de hospital, a la habitación en donde la familia Fante espera el momento en el que el punto final sea colocado en el guión más triste jamás escrito. Tenemos a Bukowski lanzando a un escritor moribundo, a Dan Fante resurgiendo de las tinieblas y unas cuantas novelas esperando ser publicadas póstumamente a mediados de los años ochenta. En la cama, ciego y sin extremidades, un escritor desconocido al borde del abismo. El reconocimiento le llegó en 1987, cuando el PEN le premió con el Lifetime Achievement Award. Sin embargo, el premio que aún está recibiendo es el de su hijo Dan Fante, escritor en la penumbra, poco conocido pero con un talento y sentimiento bien aprendidos del maestro. Él continua remando en la misma dirección que su padre, marcando la senda que algún día será recordada como el legado de los Fante.

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Acerca de Diego DZ

Madrid, 1988. Físico. En mis ratos libres corro y leo, también escalo y escribo.

Comentarios

21 comentarios en “El legado de los Fante

  1. Espectacular post.

    Varias cosas.

    “Si quisiera podría destruir tu vida en 20 palabras o menos” es una de las frases más aterradoras que he leído nunca. Y sí, es así..se puede hacer.

    No he leído a Dan Fante, va ahora mismo a mi lista de pendientes, pero John Fante me dejó impresionada. Pregúntale al polvo es espectacular y La hermandad de la uva también…

    Sobre la industria de Hollywood y los guiones ¿ has leído ¿Por qué corre Sammy? de Budd Schulberg? Schulberg fue guionista en Hollywood…te gustará.

    Bien que has vuelto 🙂

    Publicado por molinos | 28 marzo, 2014, 11:22 AM
    • Muy buenas. Volver, volver…con cuentagotas.
      El lunes iré a la biblioteca en busca de El camino del tabaco, Cannery row y este que dices. No lo conocía pero parece que está muy bien. A ver si hay suerte y “no” los tienen porque el montón que tengo acumulado es demasiado grande XD.

      Publicado por Diego | 28 marzo, 2014, 11:35 AM
      • txk, txk, txk…¿”parece que está muy bien”?? ¿tengo pinta de recomendar algo que no esté muy bien?? 🙂

        Ojalá los tengan…te van a molar..ah no, “parece que te molarán”

        Publicado por molinos | 28 marzo, 2014, 11:38 AM
      • jajajaj, vale, no “parece que está bien”. Seguro que está bien. Como no lo esté lo pienso poner a parir… Ya te diré 😉

        Publicado por Diego | 28 marzo, 2014, 1:26 PM
  2. “Si quisiera podría destruir tu vida en 20 palabras o menos”
    Estremecedora la frase.
    Sorprendida como siempre cuando te visito, Diego. Aunque sé que ya no debiera sorprenderme.
    Muy buena entrada.
    Un abrazo…

    Publicado por María | 28 marzo, 2014, 4:12 PM
  3. Me ha encantado esta entrada. Te felicito. Un saludo, Livia.

    Publicado por liviadeandres | 28 marzo, 2014, 5:22 PM
  4. Todavía no he leído nada de los Fante, pero rebuscando por internet he encontrado este documental:

    La información que da no es muy diferente de las biografías escritas, pero me ha gustado mucho como recrea el ambiente, como captura la cara demacrada y sudorosa de la ciudad y los años que John vivió. Un trabajo muy bien realizado.

    Gran artículo. Saludos.

    Publicado por Ivan Bonet Pizarro | 28 marzo, 2014, 10:52 PM
    • muchas gracias Ivan, y también por compartir el documental. No lo conocía.
      Un saludo.

      Publicado por Diego | 29 marzo, 2014, 11:55 AM
      • He terminado “Pregúntale al polvo”. Una maravilla. Una auténtica maravilla. Gracias por descubrírmelo.

        Publicado por ivanbonet | 18 abril, 2014, 2:47 PM
      • ¡Me alegro! Ese libro es increíble. Para mi gusto el mejor de Fante.
        Si puedes leer Chump Change (de su hijo), también te gustará.
        saludos

        Publicado por Diego | 18 abril, 2014, 4:06 PM
  5. Me encanta! Gracias por esta entrada 🙂
    No pensé que Dan Fante fuera pariente de John. Lo he visto en alguna estanteria, y hasta me ha molestado cuando he pensado “aquí está, Fante” y me he dado cuenta que era “el impostor Dan”… Ahora, estoy ansioso por correr a la libreria y buscar Chump Change 🙂

    Saludos,
    Nos leemos.

    Publicado por A. I. M. | 30 mayo, 2014, 3:31 PM
  6. He terminado Chump Change… una pasada, se nota de quién es hijo…acabas el libro escupiendo, con saliva pastosa de borracho, oliendo, dolor de cabeza y lágrimas que no sabes que están cayendo.

    Publicado por molinos | 6 junio, 2014, 2:58 PM
  7. Después de “Pregútnale al polvo” y de leer este post, me lanzé de lleno al universo Fante: Un mal año, Llenos de vida y ahora… Chump Change. Es el típico libro que, por miedo a dónde te pueda llevar, no quieres terminar nunca de leer.

    A.

    Publicado por A. I. M. | 29 septiembre, 2014, 10:27 AM
    • Me alegra mucho leer este tipo de comentarios 🙂
      Chump change es el postre que todo el mundo debe leer después de conocer a John Fante. Abre un nuevo horizonte e incluso una nueva perspectiva en la obra de J.Fante.
      saludos!

      Publicado por Diego | 29 septiembre, 2014, 8:59 PM

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