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(No) todos somos Bárcenas

29 abril, 2014 | (No) todos somos Bárcenas  > Leer en Highway Magazine

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En busca del tiempo invertido

Librería. París, 1943.

Librería. París, 1943.

Hay algo que me angustia, que me impide dormir, comer y salir a la calle. Hay algo que me aporrea la cabeza «tac tac tac» día y noche y día y noche y día y noche. Son los libros olvidados, los que fueron escritos pero no leídos ni vendidos. No me refiero a los que quedaron en el cajón de la escritora a la que su tiempo obligó a dejar la pluma para lavar los calzoncillos de su marido, sino a todos esos que fueron publicados – y son publicados – pero estuvieron – y estarán – condenados al olvido. Libros olvidados, con polvo sobre el lomo y cubiertas rajadas por el tiempo. Libros que fueron escritos por personas que dedicaron un tiempo de su vida al arte de la creación y dejaron un grano de arena en una playa inmensa, cada vez más extensa.

Más que llorar por la imposibilidad de buscar el tiempo perdido, lloraría por el castigo que supone publicar más de lo que se puede leer. Dejando a un lado los retales, hay obras que merecen unas horas de nuestro tiempo. Tengo datos apuntados desde hace meses pero no me apetece aburrir ni ser riguroso. Referencias se pueden encontrar en Los demasiados libros, de Gabriel Zaid; y el consuelo en Cómo hablar de los libros que no se han leído, escrito por Pierre Bayard.

Se escribe más de lo que se lee, lo que supone el nacimiento prematuro de los escritores y la muerte progresiva de los lectores. Un artículo lo alertaba: (Islandia) El país donde una de cada diez personas publica un libro. Se trata de una pésima noticia para aquellos que no contemplamos la idea de que el 10% de la población sea capaz de escribir al nivel que las editoriales deberían exigir para que los que queremos abarcar con rigor podamos dormir, comer y salir a la calle sin el castigo que supone pensar en el poco tiempo que se tiene para hacer lo que se quiere. Si uno de cada diez escribe un libro, significa que por cada millón de habitantes se publican 100000. Suponiendo que se invierte alrededor de dos años en escribir, revisar y publicar un libro, los habitantes del país del millón de habitantes tendrían que leer 50000 libros al año para cubrir la oferta (aproximadamente 137 libros al día, es decir, cinco libros y medio a la hora). Evidentemente, es imposible. La solución pasa por el olvido de la mayoría que, o bien son malos, o no han tenido la atención necesaria para salir del montón.

Aunque me preocupa la idea de que las editoriales puedan desechar obras que podrían merecer una lectura, no puedo equiparla a la angustia que me corroe cuando soy consciente de que cada vez se publica más y mejor (también más y peor, pero eso es un problema medioambiental, no cultural). Es un suplicio someterme a la tortura que es dar una vuelta por una librería con el reloj vacío de tiempo. Si se quiere leer bien – o por épocas, estilos o autores – las horas transcurren más deprisa que en el mundo de la moda literaria. Si es pretensión del lector imaginarse el mapa de la literatura, no basta con leer una sola novela de cada escritor. ¿Crimen y castigo permite comprender la obra completa de Dostoievski? El lector habitual puede pasar por ese libro y maravillarse (o no), pero el que no cree en la lectura como pasatiempo no puede ni debe conformarse con eso.

La angustia de la que hablo tiene por base la finitud de la vida en contraste con la infinitud de la literatura. Puede tener un desenlace coherente (leer solo la piezas que formarán parte del puzle final) o drástico (volver una y otra vez a lo leído sin aventurarse en nuevos títulos). Ambas me parecen comprensibles. Yo, de momento, sigo intentando abarcar lo imposible con la misma inocencia del que cree que vivirá eternamente.

Mi viaje es su rutina

15 abril, 2014 | Mi viaje es su rutina  > Leer en Highway Magazine

A dos ruedas sobre el suelo

Estos días en los que ando restaurando una vieja bicicleta, buscando por la red diseños y reparaciones, he dado con una moda que muchos de vosotros ya conoceréis – puede que incluso hayáis caído en ella – y cuyo origen es realmente curioso. Me refiero a las bicicletas de piñón fijo, también conocidas por su nombre en inglés fixed-gear bike o fixed gear.

Bike messenger & fixed-gear bike / http://www.crainsnewyork.com

Bike messenger & fixed-gear bike / http://www.crainsnewyork.com

Como su propio nombre indica, las fixed gear son un tipo de bicicletas que van a piñón fijo y (casi siempre) sin frenos, de tal manera que la única forma de frenar es dejando de pedalear o derrapando con la rueda trasera.

Aunque en un principio puedan parecer peligrosas, son utilizadas diariamente por los ciclo-mensajeros en muchas ciudades del mundo. Las ventajas con respecto a la mensajería tradicional son evidentes, pero los ciclo-mensajeros no han llegado a ese trabajo por unas ansias irracionales de reparto, sino por la adrenalina que segregan durante los 100 km de media que recorren cada día en la ciudad. Además, como cobran por paquete repartido, las velocidades que alcanzan y los riesgos que corren hacen del trabajo una actividad peligrosa.

Lo interesante de todo esto no es que haya unos tipos sedientos de riesgo y adrenalina que se dedican a repartir paquetes a domicilio, sino la cultura underground que se ha creado en torno a ellos, llegando a ser su trabajo uno de los más demandados y sus bicicletas deseadas por los más urbanitas.

Una muestra de esta locura fue plasmada por Lucas Brunelle en el documental Line Of Sight. Desde una posición privilegiada, muestra lo que supone ese estilo de vida. Merece la pena dedicarle unos minutos.

Déjame vivir – Summits of my life | Kilian Jornet

La frase «Déjame vivir libre, libre como el aire» resume la segunda entrega de Summits of my life, Déjame vivir. Y no porque después de haber visto el teaser sea imposible dejar de tararearla, sino porque la cinta es mucho más cañera que la primera, A Fine line, gracias a tres récords difíciles de acometer (Mont Blanc, Elbrus y Cervino) y a la facilidad que tiene Kilian Jornet para olvidarse de las cámaras y mostrarnos su lado más cotidiano, atreviéndose incluso a cantar Ama, ama y ensancha el alma de Extremoduro o Kualquier día versionada por Boikot.

Aunque a lo largo de los 62 minutos de documental la silueta del Cervino impregna el ambiente, podríamos decir que hay tres partes bien diferenciadas.

  1. Mont Blanc | 4810 m. Francia | Objetivo: superar el récord 5:10:44 h

Kilian y Mathéo Jacquemoud se van de «paseo» por la montaña maldita. Salen de Chamonix antes del amanecer y tres horas y media después hacen cima. Durante el descenso Mathéo se lesiona y Kilian continúa en solitario, batiendo el récord en un tiempo de 4 horas, 57 minutos y 40 segundos.

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Kilian y Mathéo descendiendo el Mont Blanc, |Sébastien Montaz – Rosset, 2013.

  1. Elbrus |5642 m. Rusia | Objetivo: Superar el récord de ascenso 3:23:27 h

50 horas de viaje en furgoneta para llegar al «fin del mundo», al lugar en donde Kilian disputará la Elbrus Race, una carrera en la que el número de participantes no supera la decena. La idea era alcanzar la cima del Elbrus en un tiempo récord, pero el frío y la ventisca hacen que el objetivo sea inalcanzable.

Kilian y Vitaly Shkel  en la Elbrus Race, |Sébastien Montaz - Rosset, 2013.

Kilian y Vitaly Shkel en la Elbrus Race, |Sébastien Montaz – Rosset, 2013.

  1. Cervino | 4478 m. Italia | Objetivo: Superar el récord 3:14:44 h

El objetivo más complicado, subir y bajar el Cervino en un tiempo inferior al que marcó Bruno Brunod en 1995. Es aquí cuando uno se da cuenta – si es que lo ignoraba – de la extraordinaria capacidad de Kilian Jornet para desenvolverse en los terrenos más técnicos. Sube con asombrosa rapidez y desciende como si fuera un juego de niños. Finalmente, llega a Cervinia en el tiempo que Bruno Brunod calculó el día de antes: 2 horas, 52 minutos y 2 segundos.

Kilian Jornte en el Cervino, 2013 |Sébastien Montaz- Rosset-

Kilian Jornte en el Cervino, 2013 |Sébastien Montaz- Rosset-

Como ya mencioné en la entrada dedicada a A fine line, Kilian Jornet intenta transmitir con esta serie de documentales los valores que le vinculan a la montaña y el tipo de deporte que practica – un estilo propio producto de su pasión por la naturaleza –, así como la necesidad de perseguir los sueños que cada uno se propone. Como bien recuerda en Déjame vivir, no pretende que se le imite ni tampoco que se le siga, tan solo mostrar cuál es su forma de aproximarse a la montaña.

Las espectaculares imágenes captadas por Sébastien Montaz- Rosset, unidas a la banda sonora de Zikali, consolidan el proyecto al dotarle de una firma propia sin caer en repeticiones o copias de la primera entrega. Seguro que la tercera – en el Aconcagua y McKinley – no solo estará a la altura, sino que superará las expectativas.

Para más información:

http://www.summitsofmylife.com/

http://www.kilianjornet.cat/es/

http://www.sebmontaz.com/

http://www.zikali.com/