//
estás leyendo...
Fragmentos, Libros, Reflexiones

La crítica según William Faulkner

Es un secreto a voces: Capitán Swing es la editorial con mejor gusto del momento. No solo por la estética de los ejemplares sino también por su calidad y variedad. Podemos encontrar desde el aclamado y controvertido ensayo Chavs: La demonización de la clase obrera de Owen Jones, hasta El Anticristo de Joseph Roth. Son libros de peso, con buen papel y cubiertas diseñadas para que se haga imposible evitar interesarse por ellos. Historias desde la cadena de montaje, La mujer que disparó a Mussolini, Prodigiosos mirmidones. Antología y apología del dandismo, El hombre Ventilador, Vida de un esclavo americano escrita por el mismo… son algunos aperitivos de un pequeño etcétera que puede ser consultado en su catálogo.

ensayos-discursos-faulknerUna de esas reliquias, Ensayos & Discursos, de William Faulkner, me espera siempre como libro de cabecera para una lectura rápida en horas de insomnio. Se trata de la obra no narrativa de Faulkner, imprescindible para entender sus motivaciones, reflexiones, admiraciones y temores. Por estos lares posteé su discurso con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura (incluido, como no podía ser de otra manera, en la edición de Capitán Swing) y seguro estoy de que aparecerá en otras ocasiones porque cada escrito suyo guarda una lección que por lo menos debe ser escuchada.

Un ensayo imperecedero es Sobre la crítica. Comienza de forma apabullante, golpeando a Walt Whitman de forma sutil:

Walt Whitman dijo, entre pretenciosas e hipertrofiadas banalidades, que para tener grandes poetas también debe haber grandes audiencias. Si Walt Whitman se dio cuenta de esto debe de resultar universalmente obvio en estos días de radios que nos informan y de las llamadas revistas de alto copete que corrigen nuestra información; por no hablar del toque personal de los programas de lectura.

Esto tira por tierra el falso romanticismo del aspirante a poeta que, en un arrebato kafkiano, desea que su obra, en vez de ser leída, acabe encerrada en un cajón o quemada en la hoguera.

¿Qué han hecho los periódicos y los programas para hacer de nosotros grandes audiencias o grandes escritores?, ¿han cogido estas sibilas al neófito delicadamente de la mano instruyéndole en los fundamentos del gusto? […] No hay tradición, no hay espíritu de equipo: todo lo que se necesita para ser admitido en las filas de la crítica es una máquina de escribir.

En nuestros tiempos, en vez de máquina de escribir, lo único que se necesita para pertenecer al decadente ejército de la crítica es tener un blog y reseñar como si no hubiera un mañana o una segunda lectura.

Continuando con el ensayo, Faulkner apunta a los críticos americanos con un toque de humor que no pasa desapercibido:

El crítico americano, como el prestidigitador, intenta averiguar exactamente cuánto debe dejar ver al espectador y todavía salirse con la suya – la superioridad de la mano sobre el ojo –. Confunde la pieza a examinar con un instrumento con el que realizar difíciles arpegios de la inteligencia. Esto parece tan pretencioso, tan inútil, como el corneta que lleva a cabo acrobacias acústicas mientras espera a que se junte la banda. Con esta diferencia: el corneta después de un rato se cansa y lo deja. Aquí se da la asombrosa posibilidad de que el crítico disfrute de su propia música. ¿Es así, disfrutan leyéndose unos a otros? Uno puede imaginar igual de fácil barberos afeitándose unos a otros por diversión.

El crítico americano […] se ha convertido en una reencarnación del charlatán de feria de memoria privilegiada, manteniendo embelesada a la rústica parroquia, no por lo que dice, sino por cómo lo dice.

¿Quién no puede encontrar un caso parecido en el panorama español? De inmediato me vienen a la mente dos críticos – de diferentes disciplinas – que triunfan menos por lo que dicen que por cómo lo dicen. Y esto, aunque haga crecer su audiencia, no les convierte en referentes, o al menos no debería.

En este mar de críticas a los críticos, Faulkner recurre a la cordura para que escritores y lectores salgan beneficiados.

Cordura, ésa es la palabra. Vive y deja vivir; critica con gusto en virtud de un criterio, y no riñas. La reseña inglesa critica al libro, la americana al autor. El crítico americano le endosa al público lector un distorsionado bufón en el seno de cuya sombra acechan imprecisamente los títulos de varios volúmenes íntegros. Sin duda, si hay dos profesiones en las que no deberían existir envidias profesionales son la prostitución y la literatura.

Me quedo con esta última frase: Si hay dos profesiones en las que no deberían existir envidias profesionales son la prostitución y la literatura. Arrimar el hombro, leer bien y criticar con gusto en virtud de un criterio.

El texto completo se puede encontrar en la mencionada colección, Ensayos & Discursos, o en el blog Diario de lectura de un desmemoriado.

Anuncios

Acerca de Diego DZ

Madrid, 1988. Físico. En mis ratos libres corro y leo, también escalo y escribo.

Comentarios

3 comentarios en “La crítica según William Faulkner

  1. Como crítico aficionado (y de cine, no de literatura), admito que el bueno de William tiene mucha (muchísima) razón en lo que dice. Por cierto, hace poco empecé ‘¡Absalom, Absalom!’ y me vi incapaz de terminarlo…

    Publicado por elcriticoabulico | 14 mayo, 2014, 10:21 PM

Trackbacks/Pingbacks

  1. Pingback: ¿Hace el dolor a un escritor? | Ruta 142 - 29 mayo, 2014

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: