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Reflexiones

Las tres Españas

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Llueve en Madrid sobre seco. A través de mi ventana observo cómo la lluvia crea una cortina que solo es apartada por la luz que desprenden las televisiones afincadas en los salones del vecindario. Caruso deja caer una furtiva lágrima que inunda mi cama y me recuerda que mientras algunos nadamos en un mar infestado de contradicciones, otros se acomodan en sus sillones para ser arrastrados por la corriente que la pantalla genera. A pesar de que cada sillón es diferente, pueden ser enmarcados dentro de tres grupos, los que conforman las tres Españas.

Un año transcurrió desde que finalicé mis estudios hasta que encontré un puesto de trabajo. Aunque ni un mes ha pasado desde aquel extraño suceso, ya la sensación que me transmite el recuerdo es la de un pasado lejano, agridulce e inquietante. Fue un periodo que, para bien o para mal, me obligó a disfrutar de un año sabático con el que muchos soñarían. Escribí cientos de folios que todavía no han visto la luz, corrí kilómetros y kilómetros (y más kilómetros) sin necesidad de huir, leí decenas de libros y reflexioné durante horas, días y meses para llegar a conclusiones fallidas que desmentían las reflexiones que las originaron. Y entre ese océano de inactividad activa, pensamientos y locuras varias, encontré un tiempo para sentarme frente a la televisión por primera vez en mi vida. Deseaba experimentar con la baba que se desliza bajo el labio inferior cuando una ráfaga de imágenes transmitidas a un ritmo epiléptico son proyectadas sobre la retina. No me avergüenza admitir que piqué (sin abusar) de diferentes programaciones para averiguar qué es lo que me había estado perdiendo durante tantos años. Descubrí que el periodismo ha muerto y es momento de que mi generación aniquile (intelectualmente hablando) a sus asesinos, que existe el mundo a las 12 de la mañana (también a las 3 de la madrugada), que las banalidades se sirven en Telecinco cuando hombres y mujeres (y viceversa) son expuestos como carnes en mercados, que la clave del saber reside en inyectarse Discovery Max hora sí y hora también y ver Saber y Ganar hasta el momento en que decides participar en el programa, que atrapar un millón es sencillo si apruebas un examen de analfabetismo y que la madrugada de la televisión es interesante pero solo está reservada para «un puñado de politoxicómanos insomnes».

Pero dejémonos de divagaciones que no arrojan luz sobre el tema a tratar: las tres Españas, que no son más que la fragmentación que la televisión ha generado en la sociedad. Por supuesto, esta división está basada en un análisis sesgado porque tampoco me interesaba pasarme días enteros delante de la caja tonta recopilando información. Tan solo es un acercamiento burdo y sensacionalista, como la propia televisión.

1.- La España del morbo

Cuando el último trabajador sale de casa, la programación televisiva vomita sobre jubilados y parados sucesos que crean una imagen irreal de España. El espectador matutino vive en un país de asesinos y violadores, donde el destino de Marta del Castillo podría ser el de tu hermana y José Bretón tu padre. Durante la mañana, pseudoperiodistas – encima osan llamarse «periodistas de investigación» – ofrecen exclusivas sobre los sucesos más morbosos, desde el crimen de Asunta hasta el ajuste de cuentas entre militantes del Partido Popular de León, para que la audiencia se entretenga como si estuviera viendo una cinta de cine B.

En un principio pudiera parecer que este segmento de la sociedad vive con miedo (y así, en teoría, debería ser), pero en realidad es consciente de que los casos de los que se hablan son aislados, por lo que el pánico es desplazado por el morbo de conocer lo innecesario.

El morbo mañanero es flanqueado por los enfermos imaginarios que se reúnen en el primero de los canales, y nos deja cuando el debate de los que se interrumpen añade algo de orden a la programación.

2.- La España de la fantasía

La tarde es aliñada con programas en los que el dinero fácil provoca en el espectador fantasías con las que tragar la mierda de vida que lleva. Aunque es cierto que no abarcan ni todas las horas ni todos los canales que algunos desearían, atrapar un buen fajo de billetes es la fantasía que se cuece en los salones de miles de hogares. El dinero caído del cielo como acto cotidiano hace suponer a muchos que es posible alcanzarlo, como cuando en Navidad la lotería lleva la felicidad a los afortunados que son presentados por los medios de comunicación como mayoría. Cambiarían las cosas si también dedicaran un espacio televisivo a todos los que no ganaron y llevan décadas apostando, o a otros que se dejaron cientos de euros en números y recibieron solo la insistencia que supone escupirles algo parecido a: «quien apuesta, gana».

Del querer ser millonario a atrapar un millón hay un paso, nada más; y es el de la vergüenza ajena. La cultura se muestra contradictoria porque es a los incultos a los que se les otorga la bandera del saber. Así luego confundimos la sal con el azúcar.

3.- La España de lo permitido

Tras un día de trabajo, encender la televisión mientras la cena cruza el gaznate es lo más parecido a la desconexión necesitada. Lo que triunfa a esas horas es el circo sin vergüenza y la crítica permitida, cuando no el cine basura o el concurso de comida rápida que no enseña nada, solo la trama. Todo queda dentro de los límites estipulados para que nadie se salga del guion marcado: cena y entretenimiento. Cierto es, y sería injusto no mencionarlo, que la crítica permitida abre caminos para que los espectadores investiguen en ellos si así lo desean, pero el cansancio puede con la inquietud, y así nos vemos asumiendo opiniones que no tendría por qué serlo.

Después de eso, se presenta una madrugada desconocida para la mayoría, no para los politoxicómanos de los que hablábamos al inicio. Así que esta vez me despido parafraseando al más querido y popular de los yonquis: «Voy a ser igual que vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, el equipo de compact-disc y el abrelatas eléctrico. Buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolaje, teleconcursos, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de nueve a cinco, fumar, beber alcohol, lavar el coche, jerséis elegantes, navidades en familia, planes de pensiones, desgravación fiscal… Ir tirando, tirando hacia delante hasta el día que la palmes».

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Acerca de Diego DZ

Madrid, 1988. Físico. En mis ratos libres corro y leo, también escalo y escribo.

Comentarios

7 comentarios en “Las tres Españas

  1. Y yo me pregunto si la realidad es la del plasma o la que araña mi cabeza. Saludos

    Publicado por madamebovary | 5 julio, 2014, 11:47 AM
  2. Hay más Españas, minoritarias, pero existen, ahora podemos echar una siesta (aunque vayas al infierno) viendo el Tour.

    Publicado por Dessjuest | 5 julio, 2014, 8:14 PM
  3. Te felicito por tu entrada, una crítica muy buena.
    Me encanta cómo escribes.
    Un saludo,
    Livia

    Publicado por liviadeandres | 7 julio, 2014, 2:29 PM

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  1. Pingback: Las tres Españas | - 8 julio, 2014

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