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Leyendo La broma infinita…

…me he dado cuenta de que no es tan complicada como en un principio parece o nos han dado a entender. Lo que sucede es que estamos perdiendo la costumbre de introducirnos en una novela durante semanas, incluso meses si no se dispone del tiempo suficiente, para conocer sus entrañas. Hoy me he detenido en este fragmento y lo he leído hasta casi memorizarlo. Contiene todo.


Los jóvenes de hoy…vosotros, chicos, de algún modo no sabéis sentir, mucho menos amar, por no hablar del respeto. Para vosotros no somos más que cuerpos. Nada más que cuerpos y hombros y rodillas con cicatrices y grandes panzas y billeteras vacías y petacas. No estoy diciendo nada tópico como que no nos prestáis ninguna atención, sino que no podéis… ni imaginar todo significado. Estamos tan presentes que ya hemos perdido todo significado. Somos medioambientales. Los muebles del mundo. Jim, yo me podía imaginar la ausencia de ese hombre, pero te digo que tú no puedes imaginarte la mía. Es culpa mía, Jim, en casa tanto tiempo, cojeando de un sitio para otro, con las rodillas arruinadas, con sobrepeso, borracho, eructando, obeso, empapado en sudor en ese horno de caravana, tirándome pedos, frustrado, un desgraciado, tirando las lámparas al suelo, midiendo mal las distancias. Temeroso de probar lo que me queda de talento. El talento es su propia expectativa: o estás a su altura o retrocede para siempre agitando un pañuelo de despedida. Úsalo o piérdelo, es lo que sucede. Mucho… me temo que tendré una lápida que dirá AQUÍ YACE UNA VIEJA Y ETERNA PROMESA. Es… preferible no haber tenido ningún talento potencial. Ningún talento al que aferrarse en primer lugar; tirado por ahí bebiendo porque no tengo huevos para…Dios santo, lo lamento tanto, Jim. No te mereces verme de esta manera.  Tengo tanto miedo, Jim. Me aterra morirme sin que jamás me hayas visto. ¿Lo puedes entender?

La broma infinita. David Foster Wallace.