//
archivos

Archivos para

Marx tenía razón: Volumen 2 – La cúpula

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas | Karl Marx

Fotografía de archivo de la contaminación en Madrid. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Fotografía de archivo de la contaminación en Madrid. EFE/Juan Carlos Hidalgo

El jengibre no es el tallo sino la planta. Jengibre o kion, de la familia de las zingiberáceas, apreciada por el tallo picante que se oculta bajo la tierra. Introduciendo la palabra jengibre en el buscador de google obtenemos en 0,17 segundos un millón y medio de resultados, los principales versan sobre sus propiedades y beneficios, mostrando especial interés por sus efectos afrodisíacos. Por ello no es de extrañar que en los últimos días hayamos visto las fruterías de nuestras ciudades infestadas de personas buscando a codazos un gramo de jengibre. El kilo ha subido drásticamente. Los productores peruanos, chinos, australianos, hindúes y jamaicanos se están dejando la piel – literalmente hablando – para abastecer la demanda europea. He visitado varias casas, todas son iguales: pared, mueble, mujer, hombre, adolescente y jengibre, jengibre por todos lados, en estanterías, alacenas, cuencos, armarios, cajones, cisternas, neveras, bodegas, trasteros, bañeras y alcobas. Los restaurantes han cambiado sus menús y ahora encontramos de primer plato jengibre, de segundo plato jengibre y de postre jengibre. ¿Cómo os habéis adaptado a la creciente demanda?, le pregunto a uno de los pocos cocineros que se permite unos segundos para responderme. Es complicado, responde, hemos tenido que tirar de aquí (se toca la cabeza con el dedo índice) y dedicar muchas horas. Sobre todo muchas horas. Me sorprende porque viste con un sobretodo a pesar de estar trabajando. Le pregunto por ello. Respuesta: Me gusta cómo me sienta el sobretodo, sobre todo en la cocina, me da un aire distinguido. ¿No te parece?

Madrid es una esclava sexual vendida a Vodafone. Las transparencias de su camisón negro permiten contemplar desde la lejanía las largas piernas que alguien le colocó para indicar que en ese lugar millones de personas abren sus bocas para introducir lo que solemos denominar como aire. Cubre su cabeza con una pamela que, contemplada desde la montaña, se asemeja a una cúpula translúcida bajo la cual se esconde un experimento social: personas haciendo lo mismo día tras día y quejándose de lo mismo día tras día hasta que llega el fin de semana. ¿Crees que una sociedad sana dedicaría su tiempo de ocio a salir hasta las tantas de la madrugada?, pregunté a un amigo a las tantas de la madrugada. Son las caretas de las que hablaba Octavio Paz las que nos quitamos cuando la fiesta nos posee. Vivimos en laberintos de soledad, rodeados de personas que sobran, y no tenemos más remedio que perdernos en ellos buscando una compañía virtual. El negocio es el mundo virtual porque aquí es donde residimos. No existe el presente, tampoco el pasado ni el futuro. La dimensión temporal está gobernada por el márketing viral. El youtuber es el nuevo dramaturgo que, condensando su creación en fragmentos de 3 minutos, expone su vida en una obra efímera que genera más dinero que cualquier obra de teatro.

Lo viejo se muere, Gramsci, y lo nuevo tarda en aparecer, pero en ese claroscuro los monstruos son tan terribles que dan ganas de plantar jengibre y vivir de su creciente demanda. ¿No ves acaso los vagones rellenos de pubescentes con las pestañas quemadas? Yo sí, los veo y los huelo, apestan a cable quemado, como los que les doblan la edad y han descubierto que el entretenimiento es más sencillo si se reduce a likes, retweets, posts chorra y fotografías de unas nuevas zapatillas con las que serán aceptados en su club de runners que fomenta el deporte a través del consumismo y no el deporte como huida hacia adelante.

El jengibre es picante pero entra bien. Una infusión antes de salir a la calle ayuda a respirar cuando la contaminación alcanza máximos. El resto es caminar.

Leer Marx tenía razón: Volumen 1 – Las Dalias

Anuncios