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Ciencia

Esta categoría contiene 10 entradas

60 años cumple el CERN

Yo era un inocente joven recién llegado a la facultad de Físicas incapaz de entender que hay medios de comunicación capaces de almacenar tu información en su base de datos para enviarte su revista mensual a todo color de forma gratuita a pesar de expresar en reiteradas ocasiones tu deseo de continuar viviendo sin el temor de llegar a casa y encontrarte un nuevo número esperando ser leído.

Recuerdo mi posición en clase, en primero de carrera, antes de que mi vida se truncase: sentado en una silla esperando al profesor de Cálculo I. La luz no entraba por nigún lado porque mi clase era un zulo cuyas ventanas daban a un muro de ladrillos; aun así miraba por una de ellas con el deseo de verlo caer. De repente, una compañera sin malicia aparente me enseñó una revista que había recibido la noche de antes: CERN Courier. « Y es gratis», añadió. A estas alturas no hace falta explicar qué es el CERN, pero sí qué era/es/será Cern Courier y por qué hoy escribo sobre ello cuando podría estar leyéndo la revista. Cuando oí que era gratis y que la revista mensual se centraba, entre otras cosas, en los avances realizados en el CERN, no dudé en preguntarle a mi compañera cómo había que hacer para subscribirse. Error. Rellené un impreso y lo mandé sin temor a la dirección que me ordenaba. Transcurrido un mes, recibí en mi casa mi primer número de la CERN Courier gracias al cual aprendí sobre los neutrinos y poco más. La novedad dejó de serlo cuando los números se fueron amontonando y los artículos dejaron de interesarme porque, aunque cueste creerlo, no eran interesantes. Páginas repletas de publicidad sobre «Instruments for Advance Science», «Innovative Semiconductor Detectors» o «Vacuum solutions for advanced applications», artículos biográficos para rendir homenaje a todo aquel que trabajó en el CERN, crónicas de experimentos y un pequeño etcétera. Después de 96 números recibidos sólo recuerdo haber leído dos artículos (hoy un tercero) y haber recortado para conservar una página en la que aparecían reseñados Feynman’s tips on Physics y A Journey with Fred Hoyle.

CERN Courier October 2014

CERN Courier October 2014

La revista CERN Courier viene acompañada de una octavilla con franqueo pagado en la que se puede indicar que no quieres continuar recibiéndola. No es necesario explicar los motivos que te han llevado a la descabellada decisión de renegar de una entrega gratuita, pero entre los míos se encontraba el gasto de papel y la necesidad de liberarme de la ansiedad que me produce tener algo que no leo. Por eso siempre acabo hojeándola más que ojeándola. No exagero al afirmar que he mandado esa octavilla diez veces, y cada vez que lo he hecho siempre he pensado que era la última. Me equivoqué en todas y cada una de ellas. El CERN no escucha, no tiene tiempo para dejar de mandar su revista porque el presupuesto que invierte es pura calderilla.

¿Cuál fue mi sorpresa al regresar a casa esta tarde y comprobar que una mano inocente había dejado pasar al número 8 del volumen 54 (correspondiente al mes de octubre) en un rincón oscuro? Por un momento pensé en salir corriendo, atravesar fronteras y llegar al CERN para exigirle al responsable de CERN Courier que me dejara de acosar. Sin embargo, ¡oh tinta color plata!, el número 8 del volumen 54 captó mi atención. 96 números para recibir El número, el que aparte de los anuncios publicitarios, las esquelas, las ofertas de prácticas, las reseñas de libros…alberga en su interior un reportaje en homenaje a los 60 años que cumple hoy el CERN.


Si desea subscribirse a CERN Courier sólo tiene que solicitarlo en la siguiente página http://cerncourier.com Recuerde que la subscripción es gratuita y de por vida. De por vida.

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El metro de la ciencia

Creo que fue la revista Muy Interesante la que diseñó uno de los mejores mapas de la ciencia que he visto. Aunque la idea origial no fue suya, me parece que consigue hacerlo más accesible y didáctico que otros.

En él podemos comenzar nuestro viaje en un inicio de trayecto para encontrarnos, en cada parada, una asombrosa historia que ayudó a continuar con la construcción de la línea e, incluso, al de un transbordo con el que iniciar otro viaje.

A mí me acompaña desde hace varios años a un lado de mi escritorio. Me recuerda que las distintas ciencias, a pesar de buscar en lugares diferentes, acaban tocándose en algún punto. Todas, al fin y al cabo, reman con el mismo objetivo: hacer un mapa cada vez más grande y conectado.

¡Buen viaje!

(Para verlo más nítido pinchad sobre la imagen)

Gran metro de la ciencia. Fuente: Muy Interesante.

Gran metro de la ciencia. Fuente: Muy Interesante.

Cuando el fracaso se convierte en triunfo

Decíamos que Kennedy Toole se suicidó de una manera un tanto original (léase Reír no es divertido II) tras ver cómo su novela, La conjura de los necios, fue rechazada por todos los editores a los que se la presentó.

Kennedy Toole lo intentó y fracasó, jugó su mano y, tras varias partidas, descubrió que el juego estaba trucado y que nunca ganaría. Son las relaciones humanas, la subjetividad, los contactos, la suerte y la constancia las variables que en la vida real marcan el camino de los jugadores. Pero en el juego las cosas pueden cambiar hasta el punto de que acumulando fracasos es posible obtener una victoria. Cuando la estadística entra en acción, los eternos fracasados pueden acabar bebiendo del vaso del triunfo.

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Tuve la suerte, durante mi primer año de carrera, de tener como profesor a Juan Manuel Rodríguez Parrondo, un buen físico al que recordaré siempre por una frase. «El truco de esta carrera», nos dijo,  «consiste en estar haciendo lo que estás haciendo». Y añadió, antes de continuar resolviendo un problema: «Bueno…de esta carrera y de la vida en general». Estar haciendo lo que estás haciendo…Una regla sencilla pero difícil de aplicar en estos tiempos en los que las armas de distracción masiva son las reinas del baile. Desde ese día, he intentado aplicarla, a veces con éxito y otras sin él.

J.M.R. Parrondo, aparte de impartir clases, se dedicaba (y supongo que se dedica) a los modelos estocásticos (sistemas no deterministas que varían aleatoriamente con el tiempo). En el año 1996, sacó de su cajón una paradoja producto de su afición por traducir al lenguaje de los juegos de azar el fenómeno de los motores brownianos.  La idea es asequible al gran público:

  • Dos juegos de azar (A y B)  trucados para que el jugador acabe perdiendo.
  • El juego A es muy simple. Por ejemplo, tirar una moneda.
  • El juego B es algo más complejo. Por ejemplo, lanzar dos monedas al aire, cada una con una probabilidad diferente de obtener cara o cruz. Una de las monedas casi siempre hace perder al jugador, mientras que la otra le hace ganar.
  • Dependiendo de cuántas partidas lleves ganadas, se puede utilizar o no la moneda favorable al jugador.

A simple vista, si jugamos al juego A o al B, el jugador será arrastrado al fracaso porque las monedas están preparadas para que así sea. Sin embargo, la paradoja que describió Parrondo, conocida como Paradoja de Parrondo, dice que si se combina de una determinada manera el juego A y el B (por ejemplo AA, BB, AA, BB) la tendencia es siempre ganadora. Es decir, dos fracasos consecutivos dan a la larga un triunfo.

Esta paradoja captó la atención de un colaborador de Parrondo, el ingeniero australiano Derek Abbott, quien la bautizó como Paradoja de Parrondo en un artículo publicado en Nature. Desde entonces, numerosos medios se han hecho eco de ella  y no son pocos los jugadores de casino que tratan de aplicarla a los juegos reales.

En algunas ocasiones, las matemáticas arrojan resultados inverosímiles que poco tienen que ver con la vida real. En un mundo en que las paradojas dejasen de serlo, Kennedy Toole solo tendría que haber escrito otra novela para combinarla con la primera de tal manera que al final un editor le dijese que había ganado, que sus dos fracasos habían dado como resultado un triunfo. Por suerte, la vida resulta más interesante y aleatoria. Si no, nos cansaríamos de ganar.

Maxwell, las Blue Mountains y Aron Ralston

15 febrero, 2014 | Maxwell, las Blue Mountains y Aron Ralston > Leer en Highway Magazine

El problema de la vela

24 enero, 2014 | El problema de la vela > Leer en Highway Magazine

For the love of Physics

Walter Lewin, físico, profesor del Massachusetts Institute of Technology: MIT, apasionado del arte y coleccionista. Durante seis años, sus clases de física fueron televisadas por la cadena UWTV de Seatle, alcanzando audiencias de más de cuatro millones de espectadores. Sus vídeos en youtube cuentan con cientos de miles de visitas gracias a la forma que tiene de mostrar el lado más espectacular de la física: los resultados tangibles que se esconden tras las ecuaciones de la pizarra.

Cuando las imágenes hablan por sí solas, las palabras sobran:

“Los contaminadores hablan, nosotros marchamos”

Bajo este eslogan abandonaron unas 800 personas la cumbre de Varsovia sobre cambio climático después de calificarla como la peor hasta la fecha.

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Parece ser que el cambio climático preocupa a pocos por eso de ser algo lejano, a pesar de que las catástrofes medioambientales evidencian que (hoy) algo no marcha bien. No es extraño dar con gente que justifica el cambio climático con el incorrecto argumento «siempre ha habido ciclos». Y aunque es cierto que en los últimos 650000 años se han dado siete ciclos de avance y retroceso glacial, siglos de desarrollo científico han permitido elaborar modelos para predecir – dentro de ciertos márgenes –, cómo debe evolucionar la temperatura global, entre otros parámetros empleados para estudiar la “vida” de la Tierra.

Algunos todavía se sorprenden tras escuchar la afirmación de que la actividad humana desde la Revolución Industrial ha modificado considerablemente las expectativas derivadas de los modelos. Otros, sin embargo, se evaden del problema apuntando con el dedo a los grandes responsables y olvidando que todos tenemos parte de culpa, por pequeña que pueda ser considerada frente a la de los gigantes.

En el año 2007, Jean-Marc Jancovici desarrolló un método para calcular la huella de carbono personal (gases de efecto invernadero que un individuo emite por efecto directo o indirecto). El cuestionario consta de preguntas relacionadas con el alojamiento, transporte, alimentación y el consumo de dispositivos electrónicos. Realizarlo constituye un estupendo ejercicio para comprobar cómo las acciones locales tienen efectos globales. (Ir a Calculadora de huella de carbono).

Huella de carbono.

Si hay algo que me llamó especialmente la atención cuando estuve leyendo acerca de la huella de carbono, fue el proyecto CO2Stats desarrollado por el físico Alex Wissner-Gross. Uno de los resultados que arrojó su investigación acerca del consumo de CO2 al utilizar internet, es que una búsqueda a través de Google puede generar un consumo de entre 2 y 7 g de CO2, cantidad equivalente a calentar agua para preparar un café.

Para los más curiosos y concienciados, Alex Wissner-Gross desarrolló una página web, Green Certified Site, en la que es posible pedir el cálculo de la huella de carbono de tu web o blog personal, valor que depende del número de visitas y la potencia del servidor. Así que ya sabéis, a más visitas, menos ecológico es vuestro espacio.

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Huella de carbono de internet.

Literatura fractal

Don Quijote de la Mancha. Ilustración por Ricardo Martínez Álvarez.

Don Quijote de la Mancha. Ilustración por Ricardo Martínez Álvarez.

Un libro me comentó que la mejor clase de creación literaria es leer Don Quijote de La Mancha. El lector atento podrá comprobar cómo pequeñas historias, tejidas con inteligencia, sentido y trabajo, conforman el argumento de la novela. Es un claro ejemplo de cómo se construye una buena historia: al argumento inicial se le adhieren tantos argumentos como el escritor desee, siendo éstos considerados argumentos iniciales para repetir el proceso, no de forma iterativa – como podría suceder en un problema matemático, en donde a un producto se le repiten exactamente las mismas operaciones que nos han llevado hasta él – sino variando determinadas variables.

En los años veinte del siglo pasado, Vladímir Propp realizó un análisis estructural de cien cuentos rusos que posteriormente pudo ser aplicado, sin ninguna transformación, a cualquier texto literario. Se trataba de encontrar los elementos constitutivos de los cuentos, algo que Propp denominó funciones, entendiendo que eran «las acciones de un personaje, descritas desde el punto de vista de su significado en el desarrollo de la intriga». Aunque el análisis fue realizado para distintos cuentos de hadas, su estudio es aplicable al resto de géneros.

Vladimir Propp en 1928.

Vladimir Propp en 1928.

En la Morfología del cuento, obra que reúne los estudios de Propp, se presentan cuatro observaciones antes de enumerar las funciones.

  • Las funciones de los personajes son elementos constantes y permanentes en el cuento, sean cuales fueren esos personajes y sea cual fuera la manera en que se realizan esas funciones. Las funciones son las partes constitutivas fundamentales del cuento.
  • El número de funciones que comprende el cuento maravilloso es limitado.
  • Aunque no todos los cuentos presentan, ni mucho menos, todas las funciones, la sucesión de funciones es siempre idéntica. La ausencia de determinadas funciones no cambia la disposición de las demás.
  • Todos los cuentos maravillosos pertenecen al mismo tipo en lo que respecta a su estructura.

Y las funciones a las que se refieren son:

  1. Alejamiento. Uno de los miembros de la familia se aleja.
  2. Prohibición. Recae una prohibición sobre el héroe.
  3. Transgresión. La prohibición es transgredida.
  4. Conocimiento. El antagonista entra en contacto con el héroe.
  5. Información. El antagonista recibe información sobre la víctima.
  6. Engaño. El antagonista engaña al héroe para apoderarse de él o de sus bienes.
  7. Complicidad. La víctima es engañada y ayuda así a su agresor a su pesar.
  8. Fechoría. El antagonista causa algún perjuicio a uno de los miembros de la familia.
  9. Mediación. La fechoría es hecha pública, se le formula al héroe una petición u orden, se le permite o se le obliga a marchar.
  10. Aceptación. El héroe decide partir.
  11. Partida. El héroe se marcha.
  12. Prueba. El donante somete al héroe a una prueba que le prepara para la recepción de una ayuda mágica.
  13. Reacción del héroe. El héroe supera o falla la prueba.
  14. Regalo. El héroe recibe un objeto mágico.
  15. Viaje. El héroe es conducido a otro reino, donde se halla el objeto de su búsqueda.
  16. Lucha. El héroe y su antagonista se enfrentan en combate directo.
  17. Marca. El héroe queda marcado.
  18. Victoria. El héroe derrota al antagonista.
  19. Enmienda. La fechoría inicial es reparada.
  20. Regreso. El héroe vuelve a casa.
  21. Persecución. El héroe es perseguido.
  22. Socorro. El héroe es auxiliado.
  23. Regreso de incógnito. El héroe regresa, a su casa o a otro reino, sin ser reconocido.
  24. Fingimiento. Un falso héroe reivindica los logros que no le corresponden.
  25. Tarea difícil. Se propone al héroe una difícil misión.
  26. Cumplimiento. El héroe lleva a cabo la difícil misión.
  27. Reconocimiento. El héroe es reconocido
  28. Desenmascaramiento. El falso queda en evidencia.
  29. Transfiguración. El héroe recibe una nueva apariencia.
  30. Castigo. El antagonista es castigado.
  31. Boda. El héroe se casa y asciende al trono.

Tomando las funciones de Propp en su conjunto, y extrapolando su validez a todos los géneros, podríamos decir que a la hora de elaborar una novela lo que se produce es un determinado número de iteraciones, en donde la operación no es siempre la misma, aunque sí pertenece a un conjunto finito de ellas. Es una manera burda de simplificar el proceso creativo, como lo es estructurar una novela en introducción, nudo y desenlace, pero que estudiosos del tema han verificado en reiteradas ocasiones.

Ahora bien, si una novela está formada por un conjunto de argumentos, y cada uno de ellos cumple unas determinadas reglas, ¿qué sucedería si se crease una novela sin fin, es decir, repitiendo el proceso de creación de argumentos a lo largo del tiempo? Este experimento mental nos permitiría ver una determinada estructura, como ya dedujo Propp, similar en todos los argumentos de la novela.

Benoît Mandelbrot / Getty images.

Benoît Mandelbrot / Getty images.

En 1975, Benoît Mandelbrot propuso el término fractal para denominar a los objetos geométricos cuya estructura se repite a diferentes escalas. Un ejemplo clásico para entender la geometría fractal es la visualización de la línea de costa desde diferentes distancias. Si observamos la silueta costera desde el espacio, seremos capaces de detectar los principales cabos, bahías, golfos… A medida que nos vamos acercando, perdemos la visión de conjunto para centrarnos en regiones que repiten la misma estructura vista desde puntos más alejados. Si seguimos procediendo de la misma manera, nuestro campo de visión será menor pero veremos lo mismo aunque a menor escala. Esta repetición nos permite, por decirlo en palabras de James Gleick, observar el infinito. Otro bello ejemplo nos lo ofrece la propia naturaleza: el romanescu, un híbrido de brécol y coliflor.

Romanescu.

Romanescu.

Como íbamos diciendo, nuestro experimento mental consiste en repetir el proceso de creación de argumentos hasta el infinito. Digamos que escribiríamos una novela fractal, es decir, una novela con subargumentos con la misma estructura que el argumento del que originan. Por simplificar el problema, tomemos por estructura de cada argumento el trío: introducción, nudo y desenlace. Supongamos también que un triángulo representa un argumento, siendo cada uno de sus vértices la introducción, el nudo y el desenlace.

Creación del Copo de nieve de Koch

Creación del copo de nieve de Koch

Von Koch curve

Copo de nieve de Koch/ Animación de António Miguel de Campos

Comenzamos con un triángulo (nuestro argumento inicial). Después le añadimos otro argumento en forma de triángulo invertido. Así procedemos, creando subargumentos con cada triángulo formado. La construcción obtenida tras decenas de iteraciones es conocida como Copo de nieve de Koch, otro sencillo ejemplo con el que se explica la geometría fractal.

Una novela convencional puede estar formada por un par de triángulos o poseer varios de ellos, dependiendo de la extensión que ésta tome. Demasiados triángulos hacen perder la visión del primero, y uno sólo deja a la novela pendiente de tres hilos. La clave está en saber introducir triángulos sin que éstos desdibujen el primero, pues en él reside la esencia de la historia, aunque sean los secundarios los que la sustenten. ¿Acaso podríamos eliminar el triángulo creado por Dulcinea?

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Este tema al parecer no es de cosecha propia (aunque antes de publicarlo ignoraba que hubiese gente que estudiara la literatura fractal. De hecho me ha sorprendido que se conozca como tal porque yo puse el título al azar…cosas de la vida). He descubierto a posteriori que es un tema estudiado en profundidad, por lo que aquí expuesto puede que no se enmarque dentro de lo que se conoce como literatura fractal.