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KISS

KISS: Keep It Simple, Stupid!

Lleva un tiempo Salomon publicando vídeos en su canal de youtube dedicados a los integrantes del  equipo de trail running.

Hace tres semanas hizo lo propio con Rickey Gates, quien con 19 años dejó la universidad para viajar por Sudamérica. Desde ese momento, su vida ha sido una combinación de viajes, naturaleza, carretera y competiciones de ultra-distancia. 

No es de extrañar que hayan escogido como título del reportaje el de la novela más emblemática de la Generación Beat, On the Road, pues, al fin y al cabo, ambos mantienen la misma esencia: la simplicidad en la aventura o, como yo prefiero: la aventura de la simplicidad.

En este verano que no parece arrancar, viajar desde casa también puede abrir nuevos horizontes.

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El metro de la ciencia

Creo que fue la revista Muy Interesante la que diseñó uno de los mejores mapas de la ciencia que he visto. Aunque la idea origial no fue suya, me parece que consigue hacerlo más accesible y didáctico que otros.

En él podemos comenzar nuestro viaje en un inicio de trayecto para encontrarnos, en cada parada, una asombrosa historia que ayudó a continuar con la construcción de la línea e, incluso, al de un transbordo con el que iniciar otro viaje.

A mí me acompaña desde hace varios años a un lado de mi escritorio. Me recuerda que las distintas ciencias, a pesar de buscar en lugares diferentes, acaban tocándose en algún punto. Todas, al fin y al cabo, reman con el mismo objetivo: hacer un mapa cada vez más grande y conectado.

¡Buen viaje!

(Para verlo más nítido pinchad sobre la imagen)

Gran metro de la ciencia. Fuente: Muy Interesante.

Gran metro de la ciencia. Fuente: Muy Interesante.

A dos ruedas sobre el suelo

Estos días en los que ando restaurando una vieja bicicleta, buscando por la red diseños y reparaciones, he dado con una moda que muchos de vosotros ya conoceréis – puede que incluso hayáis caído en ella – y cuyo origen es realmente curioso. Me refiero a las bicicletas de piñón fijo, también conocidas por su nombre en inglés fixed-gear bike o fixed gear.

Bike messenger & fixed-gear bike / http://www.crainsnewyork.com

Bike messenger & fixed-gear bike / http://www.crainsnewyork.com

Como su propio nombre indica, las fixed gear son un tipo de bicicletas que van a piñón fijo y (casi siempre) sin frenos, de tal manera que la única forma de frenar es dejando de pedalear o derrapando con la rueda trasera.

Aunque en un principio puedan parecer peligrosas, son utilizadas diariamente por los ciclo-mensajeros en muchas ciudades del mundo. Las ventajas con respecto a la mensajería tradicional son evidentes, pero los ciclo-mensajeros no han llegado a ese trabajo por unas ansias irracionales de reparto, sino por la adrenalina que segregan durante los 100 km de media que recorren cada día en la ciudad. Además, como cobran por paquete repartido, las velocidades que alcanzan y los riesgos que corren hacen del trabajo una actividad peligrosa.

Lo interesante de todo esto no es que haya unos tipos sedientos de riesgo y adrenalina que se dedican a repartir paquetes a domicilio, sino la cultura underground que se ha creado en torno a ellos, llegando a ser su trabajo uno de los más demandados y sus bicicletas deseadas por los más urbanitas.

Una muestra de esta locura fue plasmada por Lucas Brunelle en el documental Line Of Sight. Desde una posición privilegiada, muestra lo que supone ese estilo de vida. Merece la pena dedicarle unos minutos.

¿Vives la vida o solo la conservas? Un apunte sin trascendencia

Dos noches y un tema de conversación recurrente: ¿Vives la vida o solo la conservas?

La discusión surgió a raíz de la escalada en solo (sin cuerdas) que realizó Alex Honnold el pasado 15 de enero en el Potrero Chico, México. Se trata de una vía de 500 metros – con 11 de sus 15 largos comprendidos entre el 7a+ y el 7c – considerada (ahora que Honnold superó el reto) la escalada en solo más difícil de la historia.

Alex Honnold no recibirá medallas ni arneses de oro, no anunciará calzoncillos ni se echará gomina antes de realizar su siguiente escalada; tampoco le pararán por la calle ni será considerado el mejor deportista estadounidense. Él vive en una furgoneta y así continuará mientras tenga un sponsor que apueste por él. Con 28 años se dedica a viajar buscando nuevas paredes y entornos y experiencias y desafíos que le hagan vivir y no conservar su vida. Nosotros nos preguntábamos qué tipo de persona decide jugársela hasta el punto de que un error pueda acabar en tragedia, pero algunos dirán: «Habiendo cuerdas para qué sube sin ellas». No lo sé, y aunque tuviera la oportunidad de entrevistarle dudo que le preguntara por qué decide arriesgar su vida cuando puede jugar al fútbol, ver la televisión, beber cerveza y llevar una placentera vida de salón que, con poca suerte, se prolongará hasta que el aburrimiento acabe con ella.

Hay una idea que se nos inculca desde que nacemos: tratar de vivir muchos años. No sé si es correcto o incorrecto ese mantra, pero soy de la opinión de que por muchos años que vivas si nunca haces nada que te haga vivir al final de tus días te darás cuenta de que no has vivido.  Un carpe diem en toda regla. «Coged las rosas mientras podáis / veloz el tiempo vuela. / La misma flor que hoy admiráis, / mañana estará muerta…» que diría Walter White, digo Walt Whitman. Queda bonito de tatuaje, alternativo y rompedor, pero a la hora de la verdad asusta ver a una persona que decide coger la rosa para contemplarla antes de que el tiempo la marchite.

Yo no escalaría sin cuerdas. Lo tengo claro. No creo que mi rosa se haya perdido en una pared de México o Yosemite y la única manera de alcanzarla sea trepando en solitario. No obstante, aplaudo al que no le importa morir hoy, mañana, pasado o el mes que viene haciendo lo que le hace vivir. Le aplaudo por haber sido capaz de desprenderse de las cuerdas que le sujetan a la conservación del tiempo para escoger la vida sin adulterar.  Apuesto a que algunos de los que tachan de locos a estos vividores se plantearían de nuevo el debate si en vez de una tuviésemos siete vidas. Entonces la pregunta « ¿Vives la vida o solo la conservas?» se desnudaría ante nosotros y las paredes del mundo se llenarían de personas buscando su flor.

[Documental] José y Pilar

La entrada de hoy no lleva letra explícita. Se trata de José y Pilar, el documental realizado por Miguel Gonçalves Mendes sobre la vida de José Saramago y Pilar del Río.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Yo, Coltrane

Cuando en 1959 John Coltrane entró en estudio para grabar Giant Steps, seguramente no había leído Runaround, el cuento de Isaac Asimov – escrito en 1941 y publicado en Astounding Science Fiction – en donde se enuncian, por primera vez, las Tres leyes de la robótica, ideadas por Asimov y John W. Campbell (quien fue editor de Astounding Science Fiction).

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

La idea de las tres leyes surgió para colocar un límite de acción a los robots, de tal manera que los humanos siempre permanecen por encima al ser los únicos seres capaces de actuar de acuerdo a un razonamiento sin limitación o reglamento.

A partir de las Tres leyes de la robótica, los escritores de ciencia ficción han tenido un amplio campo para desarrollar argumentos basados en contradicciones y en robots “imperfectos” que no cumplen alguna de las leyes o que son capaces de plantearse las diferencias con respecto a los seres humanos.

Son numerosas las historias que se basan en robots que llegan a parecer humanos (recuérdese, por ejemplo, El robot humano, de Isaac Asimov). Resulta sobrecogedor imaginar un mundo en el que humanos y robots casi humanos puedan convivir o, por avanzar un poco más, un mundo en el que se pueda reproducir a personajes del pasado, como podría ser John Coltrane.

La tecnología avanza a pasos agigantados. Si desde hace años es posible diseñar en un garaje un robot que reproduce cualquier melodía, dentro de x años (y teniendo en cuenta que el desarrollo es creciente y exponencial…de momento) lo mismo podremos asistir a un concierto de robots capaces de reproducir, que no tocar, al detalle cualquier obra. Es cierto que no es lo mismo, que la idea abstracta (el sentimiento) de la que hablábamos la otra semana lo tiene que dar un humano, porque siente y no está programado. También hay que tener en cuenta lo que sentiría el espectador: no es lo mismo escuchar un grupo de versiones, por muy parecido que sea, que el grupo original. Pero el dicho es que la realidad supera a la ficción, siendo casi siempre acertado. Si a John Coltrane le hubieran dicho cuando grabó Giant Steps que dentro de unas pocas décadas un robot reproduciría el tema que da título al álbum, seguramente no lo hubiera podido ni imaginar…

Un imprescindible: In the High Country

Hace dos semanas, desde el otro lado del Atlántico, se estrenó el reportaje dirigido por Joel Wolpert sobre Anton Krupicka,  In the High Country.

Krupicka es un tipo curioso: pelo largo y barba de meses; nómada solitario y ultrafondista; lector de Foster Wallace y Jon Krakauer; estudioso de la física y la filosofía; minimalista en el calzado y en la vida. La mitad del año la pasa entre montañas, viviendo como puede dentro de su furgoneta. Según dice, es la mejor forma de vida, la más cómoda para poder correr todos los días.

Si le ves algún día, le distinguirás por su torso desnudo, sus gafas de pasta blancas, el buff que lleva en la cabeza y su cadencia al correr. Lleva lo mínimo, a veces ni agua (5 horas dijo que estuvo una vez sin beber…corriendo, se entiende), y la camiseta le sobra salvo en invierno.

Anton Krupicka en Longs Peak. (runningtimes.com)

Anton Krupicka en Longs Peak. (runningtimes.com)

El año pasado estuvo grabando con Joel Wolpert fragmentos de su vida. El producto: In the High Country, uno de esos reportajes que no se olvidan, tanto por la música como por la imagen.

De momento no se puede adquirir físicamente, pero sí descargarlo a un precio algo elevado. La suerte es que alguien lo ha subido y, hasta que no se diga lo contrario, podemos disfrutar de él tantas veces como queramos. Sin más preámbulos:

A fine line – Summits of my life | Kilian Jornet

Kilian Jornet es un esquiador y ultrafondista de montaña que tan solo con 25 años ha ganado las carreras más importantes del mundo. A diferencia de la mayoría de deportistas, la filosofía de Kilian no es ganar y batir nuevos récords sobre un mismo terreno, sino explorar la montaña desde un punto de vista caracterizado por la humildad y la austeridad, entre otros valores.

Cuando conquistó todos sus objetivos como corredor, tomó la decisión de iniciar un nuevo proyecto, Summits of my life: realizar siete ascensiones en cuatro años con el mínimo equipo técnico y lo más rápido posible. La primera entrega, A Fine Line, presenta su primer objetivo cumplido: un cross por el Mont Blanc dividido en dos partes. La primera de ellas encadenando ocho cumbres del macizo del Mont Blanc y la segunda una ruta de Courmayeur a Chamonix.

Con una imagen cuidada, una BSO acorde a ella y una línea argumental clara, A Fine Line nos acerca al día a día de Kilian y sus amigos y familiares, así como a esa filosofía de vida en la que prima la búsqueda de la felicidad. Más que un reportaje de montaña parece un compendio de reflexiones sobre la vida, siendo la más impactante la de Stéphane Brosse momentos antes de morir al desprenderse una cornisa por la que pasaba junto a Kilian.

La felicidad es algo que buscas y cuando la tienes no te das cuenta. Mirando hacia atrás es cuando descubres que has sido feliz. La felicidad está en todas partes, sólo tienes que saber cómo captarla, cómo reconocerla. Cuando estás con tu hijo eres feliz y a lo mejor no te das cuenta. Cuando estás aquí y estás luchando contra el mal tiempo en las montañas no lo sientes en aquel momento, pero después te sientes realmente feliz. Son dos ejemplos distintos que muestran que la felicidad nos rodea por todas partes, es cuestión de verla.

Sin duda, A Fine Line es un reportaje que todo amante de la naturaleza, de la montaña y del deporte debe tener en su videoteca. Es un canto a la libertad, una reflexión constante acerca de la vida y la muerte, una imagen diferente del riesgo… En definitiva, un reportaje que plasma las ansias de una persona por conquistar la felicidad.

Kilian Jornet y Stépahne Brosse (2012). Lymbus Productions.

Kilian Jornet y Stépahne Brosse (2012). Lymbus Productions.