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George Orwell

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¿El tamaño importa? De Jonah Falcon a Diógenes

Si mal no recuerdo, Orhan Pamuk soñaba de adolescente con tener una grande y vistosa, tan espectacular que pudiera posar junto a ella delante de los fotógrafos. Esa visión obscena se esfumó en cuanto los periodistas atravesaron la puerta, cuando él contaba con unos treinta y pocos años.  Ahora, según dice, la idea de “cuanto más grande mejor” le resulta agobiante, afirmando incluso que le produce fastidio y rencor.1

George Orwell, apasionado de los grandes tamaños, se pasó al lado del ascetismo tras un periodo de duro trabajo. Eso de lucir tamaño, si no era acompañado de calidad, poco le interesaba.2

Jonah Falcon. (Mirror)

Jonah Falcon. (Mirror)

Hace unos días leí un artículo de un Jonah Falcon de la literatura. Al tipo se le notaba obsesionado con comprar libros, buscando un mayor tamaño de librería como si éste estuviera relacionado con la sabiduría de su dueño. Lo más sorprendente no era que hablara en términos de lectura sino de compra. No sé si me explico. En vez de decir: «Me quiero leer este libro», decía: «Tengo tal libro pendiente de comprar.»

No voy a negar que luzco un buen tamaño para mi edad. Tengo libros amontonados, en fila, dados la vuelta y en lugares insospechados. Sin embargo, ninguno de ellos está ahí sin haberse ganado ese lugar.

Disfruto con los libros que poseo porque todos ellos, al abrirlos o mirarlos, me transmiten la sensación que tuve cuando los leí por primera vez. Amontonar libros que no he leído me produce una sensación de malestar, parecida a lo que sentiría si amontonara piedras por la supuesta belleza del montón.

Tampoco voy a negar que algunos de los libros que tengo no los he leído. Pero ésos están medio escondidos para que no me recuerden lo irresponsable que fui al comprarlos sin realmente desearlos. Será más pronto que tarde cuando los deje abandonados a su suerte, por si algún lector exhibicionista los quiere para un aumento de librería.

Cada día me alejo más de la necesidad de poseer. He descubierto que con menos se vive mejor – siempre y cuando las necesidades básicas estén cubiertas – , incluso en un mundo donde se lucha por vivir rodeado de objetos. La libertad no reside en poder elegir entre una gama de productos, sino en poder rechazar todos.

Diógenes sentado en su tinaja. Jean-Léon Gérôme (1860).

Diógenes sentado en su tinaja. Jean-Léon Gérôme (1860).

1.-Cómo me libré de algunos de mis libros (Orhan Pamuk)

2.-Recuerdos de una librería (George Orwell)